La Guardia Civil se desplegó ayer en el puerto deportivo en lo que pretende ser una lucha constante contra unas prácticas que se están produciendo a vista de todos y que están poniendo en serio peligro a las personas. Los traficantes no dudan en jugar con las vidas de los demás para ganar dinero. Los vídeos que se han podido grabar de diferentes acciones demuestran que el único fin es ese.
Desde ayer se visibiliza una acción de control sobre las embarcaciones para la que se ha contado con un grupo específico de GRS. La Guardia Civil está comprobando si hay alguna irregularidad o si pueden tener relación con algunos hechos delictivos cometidos. Un control que no debe provocar la reacción belicosa de nadie puesto que quien todo tiene en orden y nada tiene que ocultar puede demostrarlo sin temor alguno ante las fuerzas de seguridad.
Aquí la Guardia Civil no actúa por la cara, interviene porque se está permitiendo un choteo que no es normal y que todos vemos. Obviar lo que sucede o, peor aún, dulcificarlo es lo peor que podemos hacer sobre todo porque nos convierte en conniventes con lo que ocurre.
No solo debe intervenir la Guardia Civil. Aquí se tiene que hacer una investigación constante y permanente a nivel patrimonial, constatando las propiedades de personas que ni trabajan, ni se forman, ni estudian pero tienen una moto y una phantom.
Podemos seguir siendo los tontos de la plaza haciendo como que no sabemos lo que ocurre o intervenir con una acción que vaya más allá de la mera incursión en el puerto deportivo, una acción que recuerde a la Operación Marinas con la que la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera pudieron terminar con todo un entramado que asociaba el narcotráfico con el blanqueo de capitales.
El que nada tiene que esconder podrá demostrar que tiene todo en regla recuperando su embarcación, pero lo que no se puede permitir es que se siga convirtiendo el entorno de los espigones en un ir y venir de motos y phantom y encima asistamos a este teatro con cara de gilipollas.






