Esta semana se ha llevado a cabo el acto simbólico de la colocación de la primera piedra del edificio bautizado como “Odissea” que va a construirse en los próximos meses en el muelle de España. La parcela elegida para este nuevo inmueble es la que ocupó hasta hace unos meses el Museo de la Autoridad Portuaria. Este último edificio se derribó para dejar espacio al nuevo Museo del Mar y a los archivos de la Autoridad Portuaria.
Previamente, el mencionado organismo público organizó un concurso arquitectónico para el diseño del futuro Museo del Mar que ganó el equipo hermanos Cristóbal y Rocío Campoy Pérez, María Sánchez Bonilla y Jesús Pérez Rivera con su proyecto 'T4 Adrizado’. El compromiso adquirido con los integrantes del equipo era la dirección de la ejecución del nuevo Museo del Mar de Ceuta. Sin embargo, la Autoridad Portuaria decidió, de la noche a la mañana, desechar este proyecto para dar cabida a otro proyecto llamado “Odissea” que consiste en una “incubadora de alta tecnología” que tiene como fin acoger y acompañar en sus primeros pasos a nuevas empresas de los sectores del turismo, la sostenibilidad y la economía azul.
La parte tangible y visible del proyecto “Odissea” va a ser un edificio de diseño vanguardista y estilo deconstructivista en la línea seguida por el famoso arquitecto Frank Gehry con el museo Guggenheim de Bilbao.
Este tipo de proyectos arquitectónicos buscan, según el arquitecto Oriol Bohigas, la sorpresa y, en muchos casos, la ruptura traumática con la imagen urbana consolidada. En principio, la sorpresa morfológica y sintáctica en arquitectura puede aportar nuevas y relevantes aportaciones al paisaje urbano, como fueron la Biblioteca de Hans Scharoun o las obras de Frank Lloyd Wright o Alvar Aalto, e incluso Antoni Gaudí. Sin embargo, esta concepción rupturista de la arquitectura contemporánea, en palabras de O. Bohigas, “ha dejado de aplicarse como gestos de artisticidad sobre una base estable y se ha erigido en el único argumento al servicio de la insolidaridad y la comercialidad.
Un ejemplo evidente es el llamado deconstructivismo (O.Bohigas, “Contra la incontinencia urbana. Reconsideración moral de la arquitectura y la ciudad”, Electa, 2004).
Cierto es que Ceuta no es un ejemplo de coherencia estilista en lo que respecta a su arquitectura, con la única excepción de algunas calles que medio se han salvado de la inmisericorde piqueta, pero no por ello se debería permitir la construcción de edificios claramente rupturistas, como “Odissea”, en espacios tan destacados como el recinto portuario.
Como han destacado sin pudor los promotores de esta obra, el edificio “Odissea”, va a ser la primera imagen que van a captar todos aquellos que entren por la bocana del puerto de Ceuta. Hasta ahora este privilegio lo ostentaba la sede oficial de la Autoridad Portuaria, un edificio diseñado por el arquitecto Manuel Latorre Pastor en 1929 con estética de barco y en el marco de la arquitectura modernista.
Este edificio, sin duda, surgió de un productivo diálogo entre el entorno inmediato y la ciudad, ya que mantenía coherencia con la fachada urbana inmediata, como el Paseo de las Palmeras. Muy distinto es el encaje del futuro edificio “Odissea” con el puerto y con el resto de la ciudad. En este caso, no ha habido diálogo con la imagen conformada durante más de tres mil años de historia. Es pura imposición arquitectónica aplaudida por todas las autoridades locales, nacionales y europeas y asumida sin oposición por toda la ciudadanía. Nosotros criticamos este proyecto en este mismo espacio de opinión hace casi dos años (https://elfarodeceuta.es/2024-odisea-puerto/) sin que nadie considerara nuestros planteamientos. La única respuesta fue un clamoroso silencio.
Desde el punto de vista simbólico, “Odissea” es un evidente monumento a la concepción democrática que tienen las autoridades de nuestra ciudad. La imposición es la norma en el ejercicio de la política y la participación ciudadana es algo inexistente. Los consejos sectoriales, como el de medio ambiente, no se convocan desde hace años ni tampoco se da la oportunidad de expresar los puntos de vista de las asociaciones de defensa del patrimonio, como la nuestra, en la Comisión de Patrimonio Cultural.
Con estos antecedentes, no debería de extrañarnos que nos impongan un edificio rupturista en la misma entrada de Ceuta sin contar con el parecer de nadie. Al menos, nos queda la posibilidad que nos ofrece este medio de comunicación para expresar con libertad nuestra opinión sobre todo lo concerniente al patrimonio natural y cultural de nuestra ciudad.
Profundizando en el argumento del vínculo entre democracia y arquitectura –una temática iniciada por Henri Lefebvre en su célebre obra “El derecho a la ciudad” (1968)-, no podemos ignorar el impacto negativo experimentado por las ciudades debido a su transformación en una mercancía al servicio del capital y no al de los ciudadanos. Los espacios urbanos se han privatizado para albergar terrazas y los comerciales tradicionales se han sustituido por franquicias. Vayas a la ciudad que vayas te vas a encontrar las mismas tiendas, con los mismos productos y hasta los mismos olores. En el mismo sentido, mires donde mires vas a ver el mismo mobiliario urbano y la misma arquitectura de estilo internacional. Lo que resulta más difícil ver, sobre todo en Ceuta, son árboles que den sombra y naturalicen el paisaje urbano. Un paisaje del que no podemos huir y que debería ser cuidado con esmero, ya que de él depende nuestra salud y nuestra calidad de vida.
Odissea, además de ser un edificio rupturista, carece de la dimensión que en sus inicios tuvo la arquitectura deconstructivista: la novedad. Puede que tengamos dentro de unos meses un Guggenheim en miniatura, pero a nadie le va a sorprender. Es una arquitectura que ha pasado de la vanguardia al hartazgo. En esta sociedad líquida, como la denominó Zygmunt Bauman, la novedad es efímera y todo caduca en un breve periodo de tiempo. En verdad, la arquitectura se ha convertido en otro de tantos objetos de usar y tirar en el que vale más la marca y la envoltura que el contenido.
En este sentido, Odissea es un “prodigioso artificio” en el que vale más el exterior como elemento propagandístico que las funciones con las que nace. Ni siquiera se justifica su necesidad. ¿Dónde están, nos preguntamos, esos proyectos turísticos y de economía azul y verde que reclaman un espacio para desarrollar sus iniciativas? ¿De verdad es necesario un edificio valorado inicialmente en 4,5 millones de dinero público, en este caso de la Unión Europea para acompañar a nuevas iniciativas empresariales en sectores con tan poco peso en la economía local como son el turismo o el medio ambiente? ¿No sería más lógico invertir este dinero y lo que va a costar mantener este proyecto en la restauración de nuestro patrimonio natural y cultural? ¿Para qué queremos un edificio sin contenido cuando el contenido realmente sustancial y valioso, como nuestras imponentes colecciones arqueológicas y del medio natural marino siguen guardadas en los almacenes? ¿No sería más productivo, desde el punto de vista turístico, aprovechar este espacio tan destacado de la ciudad para crear un Museo del Mar y uno arqueológico?
Planteamos estas preguntas con la clara intención de incitar a la reflexión individual y colectiva sobre proyectos tan injustificados como “Odissea”. Ya está bien de que hagan uso de los fondos públicos de manera caprichosa y oportunista. Además, es un proyecto insolidario teniendo en cuenta los graves déficits de infraestructuras y equipamientos que padecen determinadas barriadas de nuestra ciudad. Si al menos realmente fuera una inversión de futuro para la creación de empleo y riqueza seríamos los primeros en apoyarla, pero tenemos serias dudas de que suponga, como han anunciado a bombo y platillo, un antes y un después en el emprendimiento turístico en Ceuta y la sostenibilidad ambiental.






