La obra de la sirena de Punta Almina llega a su recta final. El Bien de Interés Cultural de Ceuta, tras sufrir daños, vuelve a lucir como nueva tras la última reforma. La ejecución está a punto de finalizar a excepción de algunas tareas pendientes.
La principal y la más relevante es equipar al edificio con una acometida de luz y agua. Aunque ya se plantea tomarla desde el propio faro, ese asunto aún está por definir y por resolver, según indican fuentes a este medio.
A esta tarea se suman dos más que corresponden a los operarios, en concreto, la colocación de mamparas de cristal, que aún están por llegar, y la instalación de un rótulo hecho con cerámicas sobre la puerta principal. Traído desde Sevilla, será el encargado de poner punto y final a la restauración de la infraestructura.
La estructura interior ya está definida y completada. Las estancias que la componen están destinadas, en principio, a asociaciones y a Obimasa. Esta entidad pública estrenará en la sirena oficinas y dependencias auxiliares de las que carece en la sede localizada en el Monte Hacho.
Los cálculos estiman que este mes ya estará lista, sin embargo, podría terminar en el mes de abril, según fuentes consultadas. El desarrollo de la ejecución ha sufrido algún traspiés debido a las continuas borrascas de enero y parte de este mes. Paralizaron el curso de las labores, que, tras su cese, se han retomado.
La reparación de los daños que ha sufrido el BIC en los últimos años es parte de los convenios firmados entre la Ciudad y la Secretaría de Estado de Turismo. El presupuesto destinado a la intervención alcanza en torno a los 352.000 euros y cuenta con los fondos Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
Desde la Ciudad señalan que la restauración tiene por objetivo “la puesta en valor” de la sirena de Punta Almina. “Ya se hizo una actuación importante hace unos diez años”, destacan. Las labores desarrolladas recientemente han puesto el foco en reparar los desperfectos ocasionados por el paso del tiempo y los que son fruto de ocupaciones.
La intención es que se sume a la lista de atractivos turísticos locales, al mismo tiempo que da cobijo a entes, específicamente, aquellos dedicados a la montaña, al senderismo y a las aves. Una parte de la plantilla de Obimasa también es parte de esta lista de nuevos inquilinos.
La idea de darle utilidad responde a la necesidad de que la infraestructura albergue actividad, lo que conlleva su cuidado, protección y vigilancia. Aunque aún no ha terminado la ejecución, se aprecia un notable cambio en el exterior.
Pintado de blanco y gris, renace tras años sin uso alguno ni mantenimiento. Sus instalaciones ya fueron rehabilitadas por la Fundación Forja XXI. Las llaves del edificio fueron entregadas en 2012 con la promesa de dotarlo de una nueva finalidad.
Sin embargo, tras los dos años obras, el proyecto de 1,2 millones de euros quedó parado. Se contempló utilizarlo como restaurante o como observatorio de migración de aves. Ninguna idea salió adelante.
Sus ventanas fueron tapiadas para evitar entradas, pero los ladrillos tampoco lo impidieron. Ha sido objeto de actos vandálicos en varias ocasiones antes del comienzo de la reforma.
Actualmente, según la información trasladada desde la Ciudad, sí existen ya acuerdos para consolidar el destino final de la sirena de punta Almina. El inmueble que en su día fue un refuerzo para guiar a los navegantes entre tinieblas, se recobra como un punto de encuentro y un centro de oficinas.
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