La presión migratoria que ha marcado los últimos días en Ceuta ha disminuido de forma notable, aunque sus calles todavía no han recuperado la normalidad anhelada por sus vecinos.
Aunque el centro de la ciudad ha retomado parte de su actividad habitual, muchos ceutíes aseguran que la realidad en numerosos barrios continúa siendo muy distinta.
Mezcla de sensaciones
Este domingo, FaroTV ha salido a la calle para conocer cómo han vivido los ciudadanos los momentos más complicados de esta crisis y cuál es el sentimiento que predomina al ver su ciudad pasar por dicha situación.
Las respuestas reflejan una mezcla de miedo, frustración, impotencia, tristeza y también esperanza de que la ciudad pueda recuperar cuanto antes la calma.
Sensación de abandono e inseguridad
Uno de los sentimientos más repetidos entre los entrevistados ha sido el de sentirse “solos”. Un vecino lamenta que, aunque haya descendido el número de inmigrantes, “es mentira que no quede nadie”.
“En Hadú, donde vivo, los callejones siguen llenos de personas. No están haciendo cosas malas, pero tú tienes inseguridad. No puedes estar tranquilo si cinco personas se suben a la azotea de tu casa. Yo, por lo menos, no duermo tranquilo”, relató.
“Triste, vacío y abandonado”
El mismo ciudadano asegura sentirse “triste, vacío y abandonado”, aunque no responsabiliza a los agentes policiales. “Ellos cumplen órdenes. La culpa no es de los policías”, afirma.
“Aquí somos españoles independientemente de la religión que profesemos y defendemos nuestra tierra. Eso desde la Península muchas veces no se entiende”.
Otros vecinos coinciden en esa sensación de abandono. “Al principio sentíamos miedo, luego más bien inseguridad y la sensación de que nos habían dejado solos. Ahora el centro está más tranquilo, pero en la periferia todavía queda mucho por hacer”, comenta otro entrevistado.
Dos realidades distintas entre el centro y los barrios
Prácticamente todos los ciudadanos consultados coinciden en que la imagen del centro no refleja lo que ocurre en otras zonas de Ceuta.
“Desde mi casa veo grupos que siguen desplazándose hacia el Monte Hacho para esconderse”, cuenta un vecino.
“No he podido coger el autobús”
Otra residente asegura que las redes sociales transmiten una sensación de normalidad que no comparte. “El centro está bien, pero en barrios como Los Rosales, El Hacho o El Príncipe la situación sigue siendo complicada. Hoy mismo no he podido coger el autobús porque toda la parada estaba llena de gente”.
Bajo su punto de vista, “la policía y el Ejército deben seguir trabajando”, aunque rechaza que la solución pase por discursos que dividan a la sociedad. “Lo que siempre ha caracterizado a Ceuta es la convivencia entre cristianos y musulmanes. No necesitamos que nadie venga a enfrentarnos”.
Frustración, impotencia y críticas a la gestión
“Ver tu ciudad así produce impotencia. Intentábamos explicar lo que estaba pasando a familiares y compañeros de trabajo en la Península y parecía que no nos creían hasta que apareció en los informativos”, relató una ceutí.
Otra entrevistada reconoce que la fuerte presencia policial y militar le genera tranquilidad. “Ver tantos agentes impresiona, pero también hace sentir que estamos más protegidos”.
Las críticas hacia la actuación de las administraciones también estuvieron presentes en varias conversaciones. Algunos vecinos consideran que la ciudad ha sido “abandonada” durante esta crisis y reclaman que continúe el esfuerzo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad mientras persista la situación.
Entre la solidaridad y la preocupación
Las opiniones también reflejan una dualidad entre la preocupación por la seguridad y la empatía hacia las personas que han llegado a Ceuta.
“Me da muchísima pena ver a gente durmiendo en la calle. A nadie le gustaría estar en esa situación”, afirma una mujer. Otra vecina coincide: “Como persona me da lástima verlos descalzos, con hambre o pidiendo comida, aunque también pienso que no deberían haber venido”.
Esa misma solidaridad aparece reflejada en el testimonio de un menor inmigrante, que asegura estar durmiendo junto a otros compañeros en la playa o en zonas de monte. Explica que sobreviven gracias a la ayuda puntual de algunos ciudadanos.
“Hoy una señora nos ha comprado galletas y leche. Venimos sin zapatos y la gente nos ha dado ropa”, relata.
El joven asegura que no desea regresar a su país porque allí “no hay trabajo ni oportunidades” y afirma que le gustaría convertirse algún día en mecánico especializado en vehículos.
El deseo de recuperar la Ceuta de siempre
Por otro lado, hay quienes lamentan que “lo peor sería que todo esto sirviera para dividirnos”.
Las calles del centro empiezan a recuperar poco a poco su actividad habitual, pero para muchos ceutíes la verdadera sensación de tranquilidad no llegará hasta que esa misma imagen pueda verse también en todos los barrios de la ciudad.





