Casi 300 personas se dieron ayer cita en el mirador de Isabel II, convocados por las entidades proteccionistas y algunos clubes y asociaciones deportivas para clamar por un cambio en la política medioambiental que evite que se repitan desastres medioambientales como el ocurrido el pasado día 5, cuando un terrible incendio se llevó por delante más de 30 hectáreas de altísimo valor ecológico.
Pero la protesta fue mucho más que por el incendio. El fuego ha sido la gota que ha colmado el vaso del hartazgo de muchos ciudadanos, hartos de colgar en internet las fotos de sus paseos por un campo repleto de basura y desperdicios. El incendio solo ha contribuido, como un guantazo sin manos, a que los ciudadanos, pero también las administraciones, entonen el mea culpa.
Si los montes que oxigenan Ceuta están sumamente degradados es por culpa de todos. No solo del Ejército y sus ejercicios de tiro, al que obviamente no se le puede restar ni la más mínima responsabilidad, sino también por la falta de cuidado y de delicadeza que los ceutíes en general tenemos con nuestro medio ambiente. Y ahora, en diez días, tendremos una nueva oportunidad de comprobarlo. La Mochila reunirá a miles de personas en cualquier rincón de camp. Será la oportunidad para ver cuanto hemos aprendido (o no) de lo ocurrido. El incendio fue provocado por una desafortunada práctica militar, si. El terreno estaba seco. También. El monte lleno de residuos contribuyó a una propagación mucho más rápida. Seguramente.
Quizás las sanciones se deban endurecer mucho más para que todos vayamos con más cuidado, seamos más limpios y adquiramos, aunque sea por imposición, una conciencia verde. Porque al final lo único que nos duele es el bolsillo,





