Frontera e Inmigración

Lo que no quiere ver Marlaska en la frontera de Ceuta: más de 27.000 intentos de pase de inmigrantes

La Guardia Civil se ve desbordada por las pretendidas incursiones de los llamados nadadores: hombres, mujeres y niños que salen de Marruecos para cruzar a Ceuta, también personas con discapacidad | Ya ha habido 31 muertos, los desaparecidos ni se sabe

Si una madrugada el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se infiltrara en una de las patrulleras del Servicio Marítimo de la Guardia Civil para acompañar a sus agentes en la vigilancia de la frontera con Ceuta volvería a su despacho del Ministerio del Interior avergonzado, sabiendo que la hilera de estadísticas que difunde la cartera que está bajo su control publicita una versión nada ajustada a la realidad.

Quienes saben lo que sucede en el mar son los guardias civiles del Servicio Marítimo y GEAS que lo controlan, también los que desde el equipo búhos y el COS son conscientes de las situaciones extremas que se viven cada madrugada, erigiéndose en esos ojos necesarios para localizar los llamados puntos de calor, que no son más que vidas en riesgo.

También están los componentes de la Compañía Fiscal y de Fronteras engrasando una máquina que no tiene freno.

Son noches en las que a los hombres se suman niñas que quieren entrar a nado en Ceuta sin importarles nada. Este año han llegado unas 20, al menos las constatadas oficialmente.

Noches en las que menores de edad intentan mantenerse a flote, incluso niños que no alcanzan a duras penas los 10 años.

Noches en las que el mar se convierte en una auténtica trampa mortal, con decenas y decenas de personas a las que, con la niebla de camuflaje, ni siquiera se les ve y cualquier salvamento puede torcerse y terminar en tragedia.

Personas con discapacidad

Todavía quedan escenas extremas por ver. En este verano los guardias civiles se han topado ya con varios casos de nadadores que presentan algún tipo de discapacidad. Hace unos días, uno de ellos intentaba cruzar ayudándose de un elemento de flotabilidad.

No era un caso aislado. Ya son varias noches en las que agentes del Servicio Marítimo han visto en el mar a personas a las que, por ejemplo, les faltaba una de las extremidades.

Se echaron al mar con lo puesto, como los demás, sin traje de neopreno ni aletas, con la misma ropa con la que habían estado merodeando por el paseo marítimo.

Más de 27.000 intentos de entrada

El Ministerio del Interior da publicidad a una suerte de estadísticas que no reflejan lo que sucede en la frontera sur, en donde hay noches con más de 350 intentos de entrada a nado. Es una barbaridad, una situación de estrés llevada al límite porque se ponen en juego muchas vidas, demasiadas.

No hay datos oficiales. El Gobierno de España nunca los ha querido dar, tampoco la Dirección de la Guardia Civil, ni mucho menos la Comandancia de Ceuta.

Oficiosamente sí existen. En lo que va de año la Benemérita ha registrado más de 27.000 intentos de entrada a nado en Ceuta, todos ellos protagonizados por inmigrantes que cada vez se abren más en sus rutas.

“Solo ha entrado 1 inmigrante esta noche”, se congratulaba este pasado agosto la Delegación del Gobierno en una declaración recogida por un medio local.

Una broma, un chiste o un insulto. Eso significaba aquella aseveración recogida tras una madrugada en la que la Guardia Civil no había parado ni un solo momento en el auxilio de inmigrantes en el mar. Pero eso no se recoge como entrada, pero existe. Ese es el juego político que no entiende de verdades, sino de trucos.

La ocultación de datos

Explotar esa línea de interacción ciudadana no es más que una burda forma de ocultar lo que no se puede.

Quien quiera asomarse cualquier noche a la frontera sabe lo que allí ocurre, presencia el patrullaje constante de los agentes de la Guardia Civil o conoce cómo terminan la jornada yéndose a sus casas tras ver imágenes complicadas de asimilar.

Mujeres en el agua, niños, hombres atrapados en un mar indomable. Gritos de personas que no se ven y que, tras un momento, ya dejan de escucharse. Luego se publican las muertes, la relación de desaparecidos de los que nada se sabe…

En la noche del pasado miércoles, una patrullera del Servicio Marítimo impedía que esa jornada terminara con 4 muertes. Sus agentes llegaron a tiempo de sacar a un nadador del agua, reanimarlo y trasladarlo a base. Llegaron, pero otras tantas veces no se logra.

Solo días antes, el viernes previo, los agentes de los GEAS recogían los cuerpos sin vida de dos niños en el Recinto. Acababan de morir, fue cuestión de minutos. No se llegó.  Esa madrugada decenas y decenas de menores y adultos se echaron al mar, entregándose a una niebla maldita.

Las consecuencias de aquella noche infernal la pagaron estos dos adolescentes. Se llamaban Mohamed y Tawfiq. Pero de ellos el Ministerio del Interior no habla. Tampoco de los 31 muertos -de momento- que llevan recogidos del mar o encajados en rocas, los componentes del Instituto Armado.

Una tragedia permanente

Es la narración de una tragedia permanente. Cientos y cientos de intentos de entrada a diario, miles y miles en las sumas mensuales. Son crónicas de un desastre al que no se le pone remedio.

España ‘vende’ sus cifras complacientes obviando todo esto, que es lo mismo que contar una verdad a medias, es decir, una mentira. Europa lo hace peor, porque calla y olvida las trincheras abandonadas en el sur.

Cada madrugada es una lotería. Frente a la frontera del Tarajal está el otro lado. Un mar no controlado y unos arenales libres para que la juventud marroquí intente la salida.

Puede haber cooperación o no, como hace justo 7 días. El pasado sábado nadie habló, nadie intervino, nadie explicó qué estaba pasando en el mar para que de forma constante salieran súbditos marroquíes sin hallar veto alguno y sin que en el mar hubiera embarcaciones marroquíes para cooperar en el obligado ejercicio de control de sus fronteras.

Sin motivo conocido, la zodiac de 3 motores de la Gendarmería Real no salió hasta bien entrada la tarde para recoger, solo durante unas horas, a sus nacionales. El resto del día fue un no parar para los guardias civiles en el mismo mar en el que se disputaba una prueba deportiva.

Lo que los agentes del Instituto Armado ven y sufren se queda en sus mochilas. Al otro lado queda el discurso político incapaz de entender las auténticas situaciones de riesgo que tienen que afrontarse.

Las pateras de la muerte

No son solo riesgos vigilando a las personas en el agua, también intentando dar con las pateras de la muerte.

Esas embarcaciones que están haciendo el agosto, que salen de Marruecos cargadas de inmigrantes a los que buscan soltar cerca de la orilla. Muchos no saben nadar, pero les instan a arrojarse indicándoles que será fácil llegar al arenal.

Los niños localizados en el Recinto ya sin vida pudieron embarcar en una de esas pateras, a tenor del tipo de ropa que vestían y el calzado claramente inapropiado para poder nadar con éxito.

Muchos de los cadáveres localizados en el Sarchal o cerca de la Sirena pueden proceder de esas travesías, sobre todo por el tipo de vestimenta que portan.

La Guardia Civil ha detenido a varios pescadores, pero no siempre logra que se dicten condenas ejemplares ante el complicado asociacionismo del autor del delito y las víctimas.

La frontera sur se convierte en un punto caliente de presión migratoria, en una de las peores rutas, en una de las más tensionadas. Pero lo que allí pasa no sale, no se publica, no se enumeran los miles y miles de intentos de entrada.

Marlaska no quiere patrullar con el Servicio Marítimo de la Guardia Civil y a Interior parece que le importa bien poco esa dura realidad para que no le estropee una buena estadística. La próxima, la semana que viene.

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