La declaraciones recogidas en la calle dan este resultado. Nadie de este mundo cuando nace es educado para saber lo que realizar en cada instante. Por eso cuando te encuentras dentro de un cuadro tan dantesco como son los divorcios, los mundos que en teoría son convergentes se distancian en años luz. Y más por la intervención del mundo legislativo.
Como es natural, las manos ejecutoras del Estado ponen un mutis en el foro aunque comprenden muchas veces que no es natural lo que están haciendo. Las mujeres siempre han estado relegadas hasta un plano donde lo único que tenían que hacer eran tener hijos y hacer la casa. Muchas circunstancias han hecho que cambie la tortilla de cara. Pero señoras y caballeros, lo que era un mundo donde el ser privilegiado era el hombre, a pesar de que tenía que romperse el espinazo para tener que traer los “garbanzos a la casa”, ha pasado a seguir siendo el protagonista de la película el varón pero con un accésit principal de la mujer donde ella no sólo por su belleza, ni por cuidar a los niños y la casa, sino por también entrar en el mercado laboral por la puerta grande por ser mucho más inteligente que sus oponentes los ‘XY’.
Y las repercusiones sobre los hombres ha sido que no podemos darle la contraria a nuestras parejas. No podemos levantar la voz cuando nos vemos perjudicados. No podemos decir en definitiva nada, de nada. Ya que por lo contrario podemos entrar en una ilegalidad judicial e ir a visitar las comisarías y posteriormente comer de gañote por una temporada en la cárcel y mirado por encima de los hombros. Ya que cualquier cosa que diga nuestras féminas no darán en el saco roto, sino que la creerán mucho más que a los hombres.
Yo sólo en pensar en lo que me viene encima de tener que salir de mi casa, tener que seguir pagando la hipoteca que mensualmente tengo que hacerme cargo, pagar una mensualidad a mi ex y ver a mis hijos dentro de un cupo restringido que el juez me dé. Esto es una presión tan grande que no me extraña que haya tantos casos de personas que hayan atentado contra sus vidas. Es un número muchísimo más doloroso que en los accidentes producidos por los maltratadores masculinos.
Pero claro vende más las muertes de unas pobres desvalidas que el suicidio por impotencia de un hombre. Son dos campos donde no deberíamos de entrar nunca pero aquí estoy viendo los informes de las entrevistas efectuadas. Cabe sólo una mentalización de la sociedad y que vean que estas acciones nunca se deben de llegar. Ahora sólo queda esperar a que nunca más suceda un tráiler con estas escenificaciones.






