Tenía la razón la portavoz del equipo de Gobierno cuando decía que entre las conversaciones de los ceutíes no está, desde luego, si el último día del Ramadán es o no festivo, simplemente, porque todos los integrantes de la comunidad musulmana lo celebran con todas sus consecuencias. Es cierto que existen muchas festividades entre las distintas comunidades que no son fiesta y ello no es óbice para que muchas de ellas hayan sobrepasado el propio carácter religioso para convertirse en fiesta para todos. Lo que no se puede utilizar el escaño de la Asamblea es para intentar enfrentar a unos con otros, como hizo en la jornada de ayer la diputada de MDyC, Fatima Hamed, al acusar al Partido Popular que votar no a la festividad de final del Ramadán es decir no a los musulmanes o ir en contra de los musulmanes. Es una ciudad como la nuestra no es bueno, es intentar encender una mecha que no entra dentro de la propia convivencia de esta tierra. Es intentar sacar rédito político de algo que no deja de ser una fiesta que, al final, quienes la deben celebrar, la celebran.
No podemos mantener estos enfrentamientos cada año mientras se discute el calendario laboral. A buen seguro, que existen muchos problemas más importante y que los ceutíes agradecerían que se los solucionaran sus cargos en la Asamblea. Porque esta tierra es mucho más agradecida que sus representantes elegidos.
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