Luz Gómez García, profesora de estudios árabes e islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, presenta esta tarde en la Feria del Libro su ‘Diccionario de Islam e Islamismo’, que trata de arrojar luz sobre los términos usados del Islam.
Algunos de los cuáles tienen diferentes interpretaciones dependiendo de una tradición u otra.
–¿Influyó el 11-S en la concepción de su libro?
–El libro tiene raíces más antiguas; empecé a trabajar los conceptos que se manejaban en los medios sobre el Islam, pero a partir del 11-S esta terminología se divulgó más. Entonces comenzó el problema de qué significaba cada palabra, porque no sabía.
–¿Qué confusión de las que hay le parecen más grave?
–No hay una más grave que otra. Podría decir que es traducir Yihad como ‘Guerra Santa’, que es grave y erróneo además de tergiversador. Pero no podemos decir que esto sea más grave que otra cosa. En estos diez años se ha ido clarificando poco a poco, y se han incorporado vocablos islámicos. Ya nadie dice ‘Guerra Santa’, sino Yihad. Lo mismo pasa con el velo islámico, ahora todo el mundo dice hiyab. Con el tiempo, los conceptos se asientan.
–¿Dónde está el error de traducir Yihad como Guerra Santa?
–Es un gran error que además se produce en el adelanto del próximo diccionario de la RAE. La tradición islámica no tiene idea de santidad como en occidente, para empezar. Esa traducción nos remite al hecho cristiano que son las cruzadas, un sentido que falsea el término. El concepto también tiene una interpretación paralela no bélica: el esfuerzo del musulmán para ser auténtico musulmán consigo mismo, su conciencia y sus vicios, y no frente a un enemigo.
–Hablando del velo, ¿se trata ese asunto adecuadamente, como en el caso de Najwa?
–A veces se crean conflictos donde no los hay. Un acontecimiento puntual adquiere trascendencia y es generalizable, y esto es peligroso. Más sangrante aún que el caso de esta chica es prohibir el burka y niqab, que apenas se ven y son casos muy escasos, que deberían tratarse de otra manera, no a golpe de ley, que contribuye a verlo como algo conflictivo, ajeno, y no como la posibilidad que tiene el mundo islámico de estar integrado.
–El velo: ¿cultural, religioso, u opresión a la mujer?
–Puede ser todo eso a la vez, no se puede generalizar de manera monolítica. No responde a una imposición machista o a un imperativo religioso. El Corán no dice que las mujer tenga que taparse el pelo. Sí muestra como tiene que ir una mujer, pero no otras cosas. Puede ser una reivindicación de carácter cultural, incluso rebeldía juvenil. Depende de cada caso.
–¿Considera que occidente ha dado la espalda al Islam y ahora nos viene todo de repente?
–No es correcto decir que el Islam no es occidente. Lo que sucede es que no queremos ver nuestra historia, algo clarísimo en España. No es que hayan llegado de repente, estaban aquí y ahora no podemos seguir cerrando los ojos.
–¿Hasta qué punto hemos cerrado los ojos?
–Se ha querido tapar, ignorar y ningunear el Islam, en parte por nuestro pasado reciente. No sólo hablo del comienzo de la Edad Moderna y la expulsión sangrante de moriscos. En el pasado reciente dictatorial se ha querido dar una imagen de España católica y unida, y después con la Democracia a mirar a Europa, hacernos sentirnos más occidentales. Con ello nos hemos olvidado de parte de nuestra historia.
–Habla del Franquismo, pero por ejemplo aquí tenemos una mezquita creada por Franco
–Corresponde a un uso político y exótico del Islam y los musulmanes, no a la voluntad de tener una sociedad integrada. Se mantenía como una imagen. Pero hoy día asistimos al arraigo del Islam, que se convierte en una comunidad más dentro de las que tenemos, muchos son nacionales, no inmigrantes.
–¿Casos como el 11-M pueden hacer pensar que la comunidad islámica también tiene parte de culpa?
–También ellos tienen que hacer autocrítica, pero es su cuestión. En mi caso, como profesora universitaria, mi tarea es intentar mostrar dónde están las probabilidades de entendimientos. Al Islam le toca su parte de autocrítica y comprender la situación de la comunidad con la que vive.






