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¿No puedes dormir por el calor? El sencillo truco para no usar ni aire acondicionado ni ventilador

Los vecinos de Ceuta sufren para dormir cada noche por culpa de las altas temperaturas, pero hay un truco que según los expertos puede ser muy útil

España está en aviso especial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) por la ola de calor que está provocando temperaturas de hasta 44 grados en las horas centrales del día. Las altas temperaturas pueden convertir las noches de verano en Ceuta en un auténtico desafío. El gran problema está en que no refresca cuando llega la noche.

Las noches tórridas de calor sofocante pueden convertir el descanso en una misión imposible. Cuando la casa ha acumulado temperatura durante todo el día y el dormitorio parece una sauna, conciliar el sueño se vuelve mucho más difícil.

Cuando el calor se acumula en el interior de las viviendas, muchas personas recurren al aire acondicionado, al ventilador o a duchas frías para intentar descansar mejor.

Sin embargo, existe una técnica mucho más sencilla que ha llamado la atención por su base fisiológica y que podría ayudar a aliviar la sensación de calor antes de dormir.

La clave no está en enfriar todo el cuerpo, sino en actuar sobre determinadas zonas que desempeñan un papel importante en la regulación térmica. Según explican diversos estudios y especialistas en fisiología, las palmas de las manos y las plantas de los pies pueden funcionar como auténticos radiadores naturales, favoreciendo la disipación del calor corporal.

¿En qué consiste este truco?

A diferencia de otros métodos más agresivos, esta estrategia no requiere temperaturas extremas ni el uso de hielo. Lo recomendable es refrescar las palmas de las manos o las plantas de los pies con agua fresca o mediante paños húmedos durante unos minutos antes de acostarse.

El objetivo es ayudar al organismo a liberar parte del calor acumulado durante el día. Según los expertos, estas zonas del cuerpo concentran vasos sanguíneos especializados que permiten intercambiar calor de manera más eficiente con el entorno.

Por ello, una pequeña reducción de temperatura en estas áreas puede contribuir a generar una sensación de alivio sin necesidad de enfriar todo el organismo.

La recomendación es utilizar agua fresca, no agua helada, ya que el frío excesivo puede provocar una reacción contraria a la deseada.

Ese pequeño gesto es útil porque ayuda a bajar la sensación térmica y puede hacer más llevadero el momento de conciliar el sueño. No hace falta complicarse demasiado. Basta con llenar una botella con agua y meterla en el congelador unas horas antes, o usar una bolsa de gel frío de las que se guardan en casa para golpes o molestias musculares. Es importante resaltar que nunca debe ponerse directamente sobre la piel: conviene envolverla en una toalla fina o en una camiseta para evitar el frío excesivo.

La idea no es dormir abrazado al frío toda la noche, sino enfriar ligeramente la zona de descanso justo antes de acostarse. Colocarla a los pies de la cama, en la zona lumbar o cerca de las sábanas durante unos minutos puede marcar la diferencia en noches especialmente duras. La zona no es lo más importante, sino su efecto al enfriar la cama para cuando llega la hora de dormir.

Por qué no conviene utilizar hielo

Uno de los errores más habituales cuando se intenta combatir el calor es recurrir al hielo directamente sobre la piel.

Sin embargo, los especialistas advierten de que una temperatura excesivamente baja puede provocar la contracción de los vasos sanguíneos, reduciendo precisamente la capacidad del organismo para expulsar calor.

En otras palabras, el cuerpo puede reaccionar cerrando esos canales de intercambio térmico y haciendo menos eficaz el proceso.

Además, el uso directo de hielo puede ocasionar molestias, pérdida temporal de sensibilidad o cambios bruscos en la coloración de la piel.

Por ese motivo, la recomendación pasa por utilizar únicamente agua fresca, compresas húmedas o superficies ligeramente frías, evitando siempre los extremos.

¿Es bueno ducharse antes de dormir?

Un error habitual es pensar que cuanto más fría sea la ducha, mejor. En realidad, los expertos suelen recomendar una ducha templada o fresca, pero no helada, para ayudar al cuerpo a bajar la temperatura sin generar un rebote de calor después. Una vez fuera, conviene secarse bien y evitar vestirse con ropa demasiado cerrada.

También ayuda beber agua a lo largo del día y no llegar a la noche deshidratado. El calor y el sudor hacen que el organismo trabaje más, y eso se nota también en el descanso. Dormir con una botella de agua a mano puede ser útil para no despertarse con sed.

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