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La niña de los zapatos rotos

Pepa Caro

La niña de los zapatos rotos

Sevilla, Ediciones Con M de mujer, 2024. 2ª ed., 2025

“Ahora soy la torre porque ya no tengo a nadie detrás de mí, la torre vigía que procura amparo a los hijos, quizás por eso era el momento de recordar, de no llevarme este montón de vidas al olvido que seré”.

Estas palabras que ponen casi el punto final a este nuevo libro de Pepa Caro sirven a su autora de autojustificación -de punto de partida, en realidad- para acometer esta nueva aventura -a la vez narrativa y poética- en la que evoca su vida; ese río serpenteante, a veces impetuoso, a veces remansado, pero siempre con el suficiente caudal que provoca la salida a flote de sucesos, episodios, personas o detalles aparentemente insignificantes que, con frecuencia ocultos, pueden aflorar a la superficie en el incesante vaivén de sus aguas. Como esos zapatos rotos que el recuerdo convierte en seña de identidad de esa niña curiosa, imaginativa y soñadora que hoy siente el deber de poner por escrito todas esas vivencias porque, como ella misma afirma, “Dicen que la memoria es alma y yo he de defender la memoria con mi palabra,…”.

La memoria, en efecto, es el alma de este libro configurado por cuatro capítulos –“Una vez tuve una casa,”, “El pueblo y sus latidos”, “Paisaje humano” y “La familia”-, subdivididos a su vez en breves relatos en los que se reflejan sucesos, acontecimientos, lugares, costumbres, fiestas, personas reales y personajes fantasmales, leyendas, canciones infantiles, travesuras… todo lo que puede aportar ese rico caudal vivido que, por obra y gracia de la palabra -una prosa poética tan rica en sus descripciones, en sus recuerdos-, deja de ser memoria individual para transformarse en memoria colectiva. Sí, colectiva. Porque, aunque tal vez la autora no lo sepa, estas experiencias personales se convierten en experiencias compartidas con las que nos podemos identificar fácilmente: en esta voz narrativa y poética revivimos nuestro propio pasado, recuperamos la emoción de lo que fue… ¿y ya no es? No nos engañemos: como la mano de nieve que arranca notas de esa arpa becqueriana, “olvidada y cubierta de polvo”, estas memorias despiertan en nosotros sensaciones y sentimientos del pasado que hoy se nos hacen presentes y que podemos saborear con mayor intensidad.

La niña que siempre llevaba los zapatos rotos contempla la vida a veces con naturalidad; otras con extrañeza. El tiempo transcurrido permite a esa niña -hoy “torre vigía”- reflexionar sobre lo vivido, interpretar silencios, desvelar incógnitas… Y a través de sus relatos mantiene viva la llama de un mundo que se va desmoronando; un mundo cuyas raíces siguen, a pesar de todo, manteniendo en pie el árbol que hoy somos. Relatos en los que (como ya ha hecho en libros anteriores) da voz a los que nunca la tuvieron, en los que traza perfiles desdibujados o incluso borrados. Por eso cobra sentido una cita de Paul Valéry que figura al frente de este libro de memorias: “Mi vida no tiene nada de extraordinario, pero mi manera de pensar en ella la transforma”. Y de paso, transforma también las nuestras.

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