El nicho número 120 de la galería de Santa Irene del cementerio de Santa Catalina ha acogido este jueves el entierro del subsahariano cuyo cuerpo fue localizado por la Guardia Civil el pasado 29 de diciembre. Lo encontraron en la zona de Calamocarro, tras un intento de entrada a nado en Ceuta desde Beliones.
Aquella travesía la llevó a cabo enfundado en un traje de neopreno y ayudado de un flotador. Una burda cámara neumática que no aporta ningún tipo de protección.
No ha podido saberse su identidad y, tras prácticamente un mes de espera, la autoridad judicial ha ordenado su entierro.
Dos historias unidas en la tragedia y en el final
La Funeraria Al-Qdar ha procedido al traslado del féretro al cementerio en donde los trabajadores del camposanto lo han enterrado en el nicho ubicado justo al lado del lugar en donde descansa otro subsahariano ahogado el pasado 3 de diciembre.
En ambos casos no se ha conseguido su identificación oficial, los dos murieron en similares circunstancias siguiendo el mismo modus operandi. Hoy, unidos, descansan por siempre en Ceuta en nichos consecutivos.
La trágica casualidad de la vida hace que estas dos historias se den la mano. Los dos fallecidos eran jóvenes, buscaron el pase bordeando el mismo espigón, el de Benzú, además eran subsaharianos y terminaron ahogados el mismo mes: diciembre de 2025.
No se ha sabido quiénes eran. En el caso del joven enterrado el 24 de diciembre, que había fallecido el día 3, se sospecha que es sudanés porque hasta Ceuta llegó un varón presentándose como familiar.
Llegó a visitar el nicho en el cementerio, pero oficialmente no se ha reseñado con los datos aportados. En el otro caso, no hay ni una sola pista que ayude a saber quién era.
La labor de la Guardia Civil
En ambas historias, la Policía Judicial de la Guardia Civil, a través del Laboratorio de Criminalística, ha intentado conocer la identidad de los dos inmigrantes, como de todos los que terminan su periplo vital en aguas de Ceuta.
Quedan recogidas las muestras de ADN, fotografías y datos que pueden servir para la investigación y reconocimiento en un futuro.
El colectivo subsahariano que llega al CETI, en mayor medida sorteando la valla, no ha aportado datos a los agentes sobre su identidad. En ambos casos murieron ahogados, a pesar de que la ruta marítima es una de las menos explotadas por estos jóvenes.





