La Formación Profesional (FP) en Ceuta vive una etapa de crecimiento que tiene un claro protagonismo femenino. Las mujeres representan ya la mayoría del alumnado en estas enseñanzas y, además, han sido el principal motor del aumento de las matriculaciones en la última década. Sin embargo, este avance cuantitativo convive con una realidad más compleja, como es la persistencia de una segregación por ramas formativas que reproduce estereotipos de género.
Los datos oficiales del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes confirman que Ceuta se alinea con la tendencia nacional de expansión de la FP, convertida en una de las principales palancas de transformación económica y social. En el conjunto del país, el sistema ha experimentado un crecimiento cercano al 45% desde 2018, hasta superar los 1,18 millones de estudiantes en el curso 2024-2025, con previsión de alcanzar los 1,21 millones en el próximo ejercicio. Este impulso ha ido acompañado de una inversión pública superior a los 7.400 millones de euros y la creación de más de 400.000 nuevas plazas, afirman desde el Gobierno central.
En Ceuta, ese crecimiento también es evidente, pero con el rasgo distintivo que supone el papel de las mujeres. En el curso 2015-2016, la ciudad contaba con 2.147 estudiantes de Formación Profesional, de los cuales 1.088 eran alumnas, lo que suponía un 50,6% del total. Diez años después, el número de matriculados ha superado los 3.300, lo que implica un incremento del 54%. De ese total, 1.759 son mujeres, es decir, más del 53% de quienes cursan este tipo de estudios en centros de la ciudad.
Si se analiza aún más ese crecimiento, el resultado muestra que, de los 1.160 nuevos estudiantes incorporados al sistema en este periodo de dos lustros, el 60% son mujeres. En términos absolutos, 661 nuevas alumnas frente a unos 500 hombres. La conclusión es que, sin el impulso femenino, la expansión de la FP en Ceuta habría sido menor.
Este fenómeno se enmarca en una tendencia más amplia que el propio Ministerio de Educación reconoce, en el sentido de que las mujeres están accediendo en mayor medida a los distintos niveles educativos y registran mejores resultados académicos. Las tasas de titulación en Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y enseñanzas superiores muestran una ventaja del alumnado femenino. Sin embargo, este avance no se traduce en una igualdad real en todas las dimensiones del sistema educativo.
En el caso de la Formación Profesional, persisten lo que los expertos denominan como techo de cristal, barreras invisibles que condicionan la elección de itinerarios educativos. Así, aunque hay más féminas que hombres en términos globales, su presencia se concentra en determinadas familias profesionales, tradicionalmente asociadas a los cuidados o a sectores feminizados.
En Ceuta, esta segregación también se refleja en los datos por niveles y especialidades. En el Grado Básico de Formación Profesional, por ejemplo, el número de estudiantes ha pasado de 350 a 539 en una década, con un aumento de 189 matriculados. Sin embargo, la presencia masculina sigue siendo mayoritaria, con 329 hombres frente a 210 mujeres. Las alumnas, en este caso, optan principalmente por módulos relacionados con administración y gestión, servicios administrativos, comercio, hostelería y turismo, así como peluquería y estética.
La situación cambia en el Grado Medio, donde las mujeres ya representan una ligera mayoría. El número total de estudiantes ha crecido en 608, hasta alcanzar los 1.529 matriculados, de los cuales 766 son alumnas, el 51%. Además, han sido ellas las que han impulsado en mayor medida este crecimiento, con un incremento del 79% en la última década (342 más que hace diez años).
Las preferencias formativas en este nivel se concentran en ámbitos como los cuidados auxiliares de enfermería, la sanidad, la atención a la dependencia, los servicios socioculturales, así como sectores vinculados a la confección y la moda.
En el Grado Superior, el patrón se repite. De los 876 estudiantes registrados en 2015 en la ciudad se ha pasado a 1.239 en la última estadística oficial, un aumento del 41%. De nuevo, el crecimiento tiene rostro femenino, puesto que las alumnas han pasado de 516 a 766, lo que supone un incremento del 48%.
En esta categoría de la FP, las especialidades más demandadas por las ceutíes están vinculadas a la administración y gestión, finanzas, comercio y marketing, imagen personal, además de áreas como laboratorio clínico, gestión sociocultural y educación infantil.
Este reparto desigual ya se subraya en el informe Igualdad en Cifras 2026, donde se expone que las elecciones condicionan de forma directa la inserción laboral y las trayectorias profesionales posteriores. Las familias laborales más feminizadas suelen estar asociadas a sectores con menor remuneración, mayor temporalidad o peores condiciones laborales.
Por ello, el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes defiende la necesidad de impulsar políticas educativas que no solo amplíen el acceso, sino que transformen el propio sistema. El departamento de Milagros Tolón apuesta por una educación inclusiva que garantice las mismas oportunidades para todos los estudiantes, independientemente de su género, y que permita desarrollar el talento sin barreras.
Las estadísticas, en este sentido, son defendidas por la ministra como un instrumento para la acción pública. En su opinión, identificar dónde se producen las desigualdades permite diseñar medidas más eficaces, ya sea a través de la orientación académica, la visibilización de referentes femeninos en sectores masculinizados o el impulso de programas específicos que fomenten la igualdad de oportunidades.
Ceuta, donde la FP se ha consolidado como una alternativa formativa en expansión, también puede sumarse, a tenor de los datos, a este desafío. La ciudad ha incrementado el número de estudiantes en los últimos lustros y también ha quedado patente cómo las mujeres se convierten en el principal motor de ese crecimiento. Sin embargo, la verdadera transformación llegará cuando esa presencia femenina se traduzca también en una mayor representación en todos los sectores, especialmente en aquellos con mayor proyección económica y tecnológica.
Según el Ministerio, en todo el país hay cerca de 5.000 centros que imparten ciclos formativos y desataca la capacidad de la Formación Profesional para responder a sectores emergentes como la inteligencia artificial, las tecnologías energéticas avanzadas o la logística. Pero también avisa de que el Gobierno trabaja en un nuevo marco normativo para asegurar que todos los espacios educativos que imparten Formación Profesional cumplan estándares homogéneos de calidad. “No podemos permitir que bajo la etiqueta de Formación Profesional valga cualquier cosa”, ha afirmado hace unos días la secretaria general de Formación Profesional, Esther Monterrubio.
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