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Cuando las mujeres de la Almadraba se unieron para salvar a Josefa Hernández

Tras la detención y envío a la cárcel del Sarchal de una de ellas a finales de 1938, las vecinas optaron por firmar un escrito avalando su buena conducta, declararon ante el Consejo de Guerra y quedó en libertad

Estamos a días de la celebración de la Virgen del Carmen, una fecha que Ceuta vive con especial devoción, especialmente en la barriada de la Almadraba. Son días muy importantes para la gente de mar y en los que La Almadraba también suele recordar momentos históricos y etapas del pasado que marcaron un antes y un después en el devenir de la barriada. Pero hay capítulos y/o extractos de esa historia prácticamente desconocidos.

Uno de ellos se incluirá, muy pronto, en el próximo trabajo del historiador local Francisco Sánchez Montoya quien, durante el proceso de investigación de su próximo libro, dedicado a la represión de la mujer en Ceuta y que, si todo va bien, será presentado en noviembre. Hay que remontarse a la Ceuta de 1938 para conocer este suceso. Fue entonces cuando, comenta Sánchez, un grupo de mujeres de La Almadraba demostró que, uniéndose, eran más fuertes y podían, incluso, salvar vidas. En este caso, lo lograron.

“Entre lo que he encontrado es que estas mujeres de La Almadraba, sencillas, la mayoría sin saber incluso ni leer y escribir, reaccionaron rápidamente cuando vieron cómo una de sus vecinas, Josefa Hernández, era detenida”, relata Sánchez Montoya. Tras pasar por la comisaría que, en aquel entonces, estaba en la plaza de los Reyes, la mujer fue encarcelada en la lúgubre cárcel de mujeres del Sarchal donde permanece varios meses y le realizan un Consejo de Guerra. “Ella estaba sola, tenía dos niños pequeños y su marido, José, en los primeros momentos del golpe había podido huir en una traíña hacia la costa malagueña en poder del Gobierno de la República. Su marido, además de su trabajo en la mar, trabajaba en la fábrica de gaseosas de Vicente Carrasco, junto a la plaza de Toros, en Hadú”, continúa Sánchez, aportando más detalles.

Harta de la situación de la época, Josefa había dicho en público cosas como “cuando esto cambie, vosotras pasaréis lo mismo que yo paso ahora” y esto llegó a oídos de la guardia de la barriada. El 3 de noviembre de 1938 se comienza un proceso contra ella. Informes, declaraciones y escritos a la policía le señalan. En una de las reseñas se puede leer: “Josefa y su marido, eran partidarios del Frente Popular, y su marido tenía amistad con el diputado socialista Martínez Pedroso, estaban afiliadas a las juventudes libertarias”. Se le acusaba de provocación para la rebelión. Pero cuando el procedimiento está dando sus últimos coletazos ocurre algo inesperado.

“Sus vecinas vieron que Josefa era una buena mujer, trabajadora, que tenía que trabajar mucho para sacar adelante a su familia”, continúa relatando el historiador local y miembro del IEC, “es entonces cuando se reúnen y firman un escrito, con el peligro que ello conllevaba, de dos folios donde exponen la buena conducta de su vecina, y afirman que debe quedar en libertad”. Esta era la única defensa veraz que le quedaba a Josefa. Dos pliegos de firmas en cuyo encabezado se puede leer: “Firmado todo como buena conducta”.

¿Y quiénes fueron esas valientes y valerosas mujeres de La Almadraba? Carmen Prieto, Francisca Escane, Marcelina Andujar, Catalina Ruiz, María León, Carmen Marta, Dolores Ríos, María López, Josefa León, Tomasa Tenorio, Mariana López, Ana Ortuño, Remedios Calderón, Ana Meléndez, Isabel Morales, Ana Meléndez y Rosa Borras. “Hay otras firmas, pero no hemos podido descifrar sus nombres”, agrega Sánchez Montoya.

Y esta historia tuvo un final feliz, pues en aquella época las lealtades familiares, o de grupos vecinales, como es en este caso, tienen, a través de los pliegos de firmas, el valor de ser el único amparo con el que se contaba. “Como es de suponer, todas estas mujeres firmantes, fueron llamadas a declarar y, ante el juez, volvieron a exponer la buena conducta de Josefa y aseguran que jamás la habían visto metida en política”, concluye Sánchez. Así, tras dos meses en la cárcel del Sarchal, a Josefa se le forma un Consejo de Guerra que finalmente la absuelve de los cargos. Todo termina el 24 de enero de 1939, cuando se les traslada a los juzgados de los barracones en la glorieta de Colón para notificarle, por parte de la autoridad militar, su libertad.

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