Matoso y la selección española ponen fin a su pelea por el oro en este campeonato europeo de waterpolo. El jugador de Ceuta y el combinado hispano lo dieron todo ante una Montenegro que se mostró excelente en defensa, resaltando a un Milanovic impenetrable.
El Beylikdüzü Swimming Pool fue testigo de uno de los partidos más exigentes de toda la jornada, en el que el resultado final fue de 14-18.
El encuentro de estos cuartos de final comenzó con grandes exhibiciones de ambos porteros. Tanto Pol Lobo como Jaksa Milanovic hicieron gala de sus reflejos, impidiendo que los disparos de sus rivales entrasen en la portería.
Manuel Matoso desempeñó las posiciones de lateral y extremo derecho. El jugador del Club Natación Caballa hizo gala de carácter presionando y fruto de su físico y perseverancia nació el primer gol español.
El ceutí se internaba por la banda derecha y asistió al capitán Tiago Carrio para poner el primer tanto en el marcador.
Los montenegrinos pronto aumentaron el nivel y una sucesión de goles se produjo en la piscina turca.
Sánchez-Toril volvía a poner a los de Alejandro Oses por delante (3-2) con un gran latigazo desde el lado izquierdo. Sin embargo, pronto duró la ventaja para los hispanos ya que Dragovic igualó y Durutovic puso a los balcánicos por delante en el electrónico (3-4).
El primer periodo estaba prácticamente acabado, quedaban 10 segundos y los montenegrinos presionaban para que los españoles no pasasen a campo ofensivo.
El tiempo finalizaba y la bola quemaba. En esa situación crítica, ese momento en el que solo aparecen grandes jugadores, asomó el astro Matoso que desde su casa se alzó y sacó un zurriagazo que fue imposible para el guardameta contrario.
Con esta gran actuación personal, los dos conjuntos marchaban a sus banquillos en un encuentro de máxima igualdad (4-4).
El segundo cuarto empezó con la misma intensidad que el anterior, aunque los de Andrej Durutovic mejoraron su defensa y este aspecto estaba haciendo mella en la ofensiva de los de Alejandro Oses.
Milanovic negaba con el dedo en cada acción que paraba el esférico, la guerra psicológica estaba servida en este juego tan importante.
Los penaltis de Milic y Roganovic pusieron el 5-6 en el luminoso y el momento más crítico del partido para España había llegado.
Otros dos goles de Montenegro supusieron un auténtico mazazo para los de blanco, ya que la diferencia se ampliaba hasta los tres goles (5-8).
Sánchez-Toril recortaba distancias, pero de nuevo, Roganovic con un tiro lejano apuntalaba las tres dianas de separación entre ambos conjuntos. El número 11 estaba enrachado, anotando tres tantos (6-9).
El segundo periodo acabó y España pasó de un empate a una desventaja de tres goles en lo que fue un mal cuarto para los hispanos.
La necesidad de remontar era evidente y el capitán de la selección Tiago Carrio se puso la capa de superhéroe para alcanzar tal hazaña.
Una gran nube de espuma le rodeaba cada que vez que controlaba el balón y era de esperar, ya que cada vez que tenía la oportunidad, sacaba el francotirador y perforaba la red de los montenegrinos.
En cada gol del equipo del Adriático, un capitán hispano y extra motivado les pisaba los talones. El marcador reflejaba el 9-11 y Alejandro Oses pidió un tiempo muerto restando 2 minutos y 45 segundos para el final del periodo.
Tras los ajustes técnicos del entrenador, Carrio anotaba su séptimo gol y el objetivo estaba cada vez más cerca (10-11).
Milic golpeaba de nuevo y daba un respiro a Montenegro, aunque Cereno, contagiado por el furor del momento, se sacó un fusilazo para volver al menos uno en el electrónico (11-12).
La tercera ronda de esta pelea había finalizado y tan solo ocho minutos separaban a España del pase a semifinales o de la caída en cuartos.
El último asalto ya era una realidad y cuando España estaba más cerca de igualar el encuentro, la maquinaria balcánica engrasó y no hubo vuelta atrás.
Los postes y largueros se toparon con los hispanos, mientras que los montenegrinos alzaban el puño en cada jugada ofensiva.
Sánchez-Toril y Carrio tiraron de valor para acercar a los suyos a un solo tanto (13-14), sin embargo, los de Dorde Radosevic seguían bombardeando en sus posesiones de ataque y los blancos tenían en frente a un Milanovic que se convirtió en una muralla infranqueable.
El árbitro dio el pitido final, el marcador mostraba el definitivo 14-18 y con ello el sueño europeo para España había acabado. No fue suficiente un ‘killer’ como lo fue Carrio, no fueron suficientes las presiones ahogantes de Matoso y no fue suficiente un equipazo nacional para derribar a una selección de Montenegro que le salió todo en la piscina.
Con este encuentro, España todavía tiene partidos por disputar, ya que mañana se enfrentarán al combinado turco en las semifinales por el quinto puesto.
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