Es la imagen que circula en los distintos medios marroquíes. El rey de Marruecos, Mohamed VI, y el príncipe heredero del reino alauita en moto de agua, disfrutando de sus vacaciones a unos cuantos kilómetros de Ceuta.
Aparecen los dos en la grabación, mientras unos turistas los ven desde la playa, en Martil, respondiendo a su paso con aplausos.
Una imagen que choca con las que continuamente se están dando en las playas del norte, con decenas y decenas de menores y adultos que se echan al mar con el ánimo de cruzar a Ceuta. Las imágenes son terribles porque se opta por la vía más temeraria, lo que lleva a que arriesguen sus vidas.
El rey de Marruecos, protegido por escoltas a bordo de embarcaciones y en compañía de su hijo, navega por la zona, mientras que en ese mismo mar los propios marroquíes buscan la escapada en rutas clandestinas marcadas por muertos y desaparecidos.
Muchos de los que escapan de Marruecos son menores de edad, también niñas.
Mohamed VI sigue de vacaciones en ese lado del norte marroquí; de hecho, ha sido apreciado en distintas incursiones por la zona, pero también incluso en Ceuta.
En junio pasado se veía una comitiva de embarcaciones pasar por el Recinto, en lo que se presumía que era el tránsito del mandatario marroquí.
También poco después se le vio, como ahora, en Cabo Negro, provocando los vítores de sus súbditos.
Y estas imágenes coinciden con un periodo de máxima presión en el mar, como así se pudo apreciar este pasado fin de semana, especialmente en la noche del sábado al domingo.
Fue, sin duda, la peor de las noches registradas en el entorno de la frontera, con decenas de jóvenes echándose al mar en un goteo imparable, marcado además por una niebla que mermaba la visibilidad en la zona.
Tanto la Guardia Civil como la Gendarmería cooperaron en el mar rescatando continuamente a personas, pero es una labor que choca con las salidas continuadas de quienes buscan el pase de cualquier manera.
Marruecos atraviesa un problema delicado con su población que urge de la adopción de medidas para que la gente joven no busque ya no solo dejar su propio país, sino hacerlo arriesgando sus vidas.
Además de adultos y menores, también empieza a repuntar la escapada de niñas. En el CETI, en la actualidad, hay más de 800 inmigrantes acogidos, y Ceuta tiene casi bajo su tutela a 500 menores que han sorteado la vía marítima para alcanzar nuestra ciudad.
En un artículo publicado por el medio ecopress.ma la semana pasada, Mohamed Nabil El Bazi, presidente de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos en Martil, identifica tres causas principales de esa huida de los menores.
Así, hablaba de la escasez de empleo tras el cierre del paso de Tarajal, la falta de alternativas económicas viables y el escaso beneficio real que las poblaciones locales reciben de los proyectos en curso.
Tras la pandemia y el fin del porteo, la situación económica se agravó para muchas familias de la zona norte, asentadas en Castillejos, Tetuán y Martil.
Fue un cierre y posterior apertura con límites que afectaron directamente a las familias que vivían de esto, al imponerse, por ejemplo, el visado.
El Bazi también critica que los proyectos de empleo y desarrollo locales han fallado en generar una mejora real. Proyectos promotores como la zona económica o iniciativas de apoyo juvenil no han reducido el desempleo y, en algunos casos, han desviado recursos de áreas clave.
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