Ceuta también se lee en el padrón. Los nombres propios, esos que pasan de generación en generación y que suelen resumir tradiciones familiares, religiosas y culturales, forman parte también de la identidad de un territorio. El último estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre los nombres más frecuentes por lugar de residencia confirma la convivencia de tradiciones culturales que se reflejan en la forma de llamar a sus vecinos.
En el caso de los hombres, Mohamed se sitúa con diferencia como el más común en Ceuta. Hay 2.590 hombres registrados con este nombre, lo que supone 61,5 por cada millar habitantes varones, una cifra muy por encima del resto del ranking.
Muy por detrás aparece Francisco Javier, con 757 personas, seguido de Antonio (718), Manuel (689) y Ahmed (551). El listado continúa con clásicos del santoral como Francisco (528), José (473), José Antonio (445), Rafael (421) o Jesús (406), junto a otros de fuerte presencia en la comunidad musulmana ceutí como Mustafa (430).
La fotografía masculina exhibe esa identidad que caracteriza a Ceuta, con nombres tradicionales de raíz musulmana que conviven con otros ligados a la tradición católica. También destacan Alejandro con 417 casos anotados en el registro, Miguel Ángel (385), Daniel (377) o José Luis (348), que mantienen por regla general una implantación generacional.
Los de más peso entre las mujeres
Entre las mujeres, el nombre más frecuente en el listado que ha hecho público el INE es Fátima, con 763 ceutíes, lo que representa 18,4 por cada mil féminas. Aunque la distancia con el segundo puesto no es tan amplia como ocurre entre los hombres, sí confirma el peso de este nombre en la ciudad.
Le sigue María Carmen, con 716 anotaciones, y después María (664), dos denominaciones históricamente vinculadas a la tradición y especialmente frecuentes entre generaciones adultas. En cuarta posición aparece Sara (461), empatada prácticamente con Mariam (458), otra muestra clara de esa convivencia cultural que define a Ceuta.
El top ten femenino lo completan Ana María (420), Ana (361), Carmen (342), África (315) e Isabel (301). Más abajo aparecen también Malika (286), Lucía (283), María Dolores (280), Noor (268) y Cristina (266), consolidando ese mapa onomástico en el que conviven nombres de distintas tendencias culturales. Esta es la realidad de hoy, aunque no siempre fue así. Si se analiza aún más la estadística del INE revelan un cambio de paradigma con el paso de los años.
La era de los “Antonios” y el ascenso de Mohamed
En la década de los años 50, el panorama masculino en Ceuta era un calco del resto de España, aunque con matices propios. Antonio (56,8 por cada 1.000 nacidos), Francisco (55,5) y Manuel (49,9) lideraban el ranking. Sin embargo, ya asomaba en un quinto puesto Mohamed, con una tasa de 37,7 por cada mil, un indicador temprano de la singularidad demográfica de la ciudad frente a la península.
Con el paso de las décadas, la hegemonía de los nombres compuestos tradicionales empezó a menguar en la ciudad. En los años 60, Francisco Javier irrumpió con fuerza (59,4 por mil), desplazando a los nombres simples. Fue en los años 70 cuando se produjo el sorpasso y Mohamed se convirtió por primera vez en el nombre más frecuente entre los recién nacidos ceutíes (49,8 por mil), una posición que no ha abandonado desde entonces en todos los estudios estadísticos que se han elaborado al respecto.
Durante los 80 y 90, mientras que en el conjunto de España nombres como David o Alejandro ganaban terreno, en Ceuta Mohamed consolidó su liderazgo absoluto, alcanzando su pico de popularidad en la década de los 2000, con una tasa extraordinaria de 69 por cada 1.000 nacidos. Ningún otro nombre en la historia reciente de la ciudad ha logrado tal nivel de predominio.
De la tradición mariana a la diversidad de Amira y Noor
La evolución femenina cuenta una historia de diversificación clara. En los años 50 y 60, Ceuta era devota de las advocaciones marianas. María Carmen mandaba de forma indiscutible con tasas superiores al 70 por mil, acompañada por Ana María, María Dolores y, de forma muy significativa, África. El nombre de la patrona de la ciudad era un sello de identidad local inconfundible que, aunque ha perdido algo de peso en las listas, sigue siendo un referente sentimental en las familias ceutíes.
La transición comenzó a fraguarse en los años 70 y 80. Nombres como Gema, Cristina o Patricia ganaron terreno en los registros oficiales, pero es a partir de los años 90 cuando el cambio de tendencia se acelera. Sara pasó a liderar la tabla (32 por mil), seguida de cerca por Yasmina y la forma clásica María.
Al entrar en el nuevo milenio, la lista se transformó definitivamente. En la década de los 2000, Mariam (26,7) y Salma (26,6) encabezaron el ranking. En la actualidad, con Fátima en la cúspide de este ranking y según los datos de la década de 2020, el nombre más frecuente entre las niñas ceutíes fue Amira (29 por mil), seguido de Mariam, Lina y Noor. No obstante Sofía o María resisten en el listado, demostrando que la ciudad sigue siendo un crisol donde conviven diversas tradiciones.







Un cambio que no se quería en 1985, y que se ha ido ocultado todas estas décadas.
Me imagino que para después del mundial del 2030 habrá otros cambios que cada vez son más evidentes.