José Pérez Luque, más conocido en la cofradía de San Antonio como Pepe, lleva casi dos décadas siendo el encargado de abrir las puertas de la ermita cada martes. Una tarea que le llena y que le hace sentirse muy agradecido de poder llevarla a cabo.
Como agradecimiento a esta labor, la cofradía le hizo un reconocimiento el pasado viernes, el cual no se esperaba y recibió muy emocionado.

Por ello, este martes, cuando ha vuelto a subir a San Antonio para abrir sus puertas, un equipo de El Faro ha hablado con él para conocer su historia, su vinculación con San Antonio y cómo vivió ese momento en el que todas las miradas estaban puestas en él.
El homenaje de su hermandad
El viernes, al término de los cultos en honor a San Antonio, Pepe vivió un momento que jamás olvidará. En sus propias palabras, “fue una cosa maravillosa porque no lo sabía. Mi mujer sí lo sabía, pero no me dijo nada”.
De hecho, fue el propio hermano mayor de San Antonio, Carlos Orozco, quien unos días antes le dijo que el viernes no podía faltar a los actos previstos.

Y no solo. Le dijo que tenía “que venir arregladito y cuando me encontré toda la papeleta me emocioné mucho porque que fue una cosa que San Antonio me está dando todos los días. Es un regalo, en mi casa igual, y al encontrarme este regalo me quedé muy emocionado”.
Su vinculación con San Antonio

La vinculación de Pepe con la cofradía de San Antonio se remonta a casi dos décadas atrás. Él era conserje en el IES Abyla y el destino quiso que uniera su vida a esta imagen.
Y es que, tal y como recuerda, la entonces directora del centro educativo le propuso subir un martes 13 a San Antonio “para abrir la ermita, estar allí, que no toquen las cosas, cerrar las puertas para que la gente no entre…”
Sin dudarlo, Pepe aceptó la propuesta, empezó a subir cada martes y ahí sigue casi 20 años después.
Al preguntarle si recuerda un momento más especial, asegura que esto es “día a día. Esto es una paz y una tranquilidad preciosa. Tú te sientas aquí y no escuchas nada más que los parajitos”, sintiendo así una relajación difícil de encontrar en otros lugares.
El puesto de venta
Uno de esos martes, cuenta, “me pusieron una bandeja pequeñita de cositas de recuerdos, la puse en una mesa, y me perdí. Empezaron a comprar muchas cosas”.
Así, ese puesto cada vez ha ido creciendo más y son muchos los detalles que se pueden encontrar. Y todos, a un precio simbólico cuyos beneficios van destinados a las acciones de la cofradía de San Antonio.
Entre esos productos hay imanes para la nevera, agua bendita, pulseras, gargantillas, escapularios, medallas, velas, rosarios, abanicos…Una gran variedad de productos que los devotos de San Antonio no dudan en llevarse como recuerdo.
Aunque en estos días previos a la romería el vaivén de personas se intensifica, Pepe asegura que “los martes está todo ello. Ha habido días de misa que se ha llenado hasta fuera con sillas particulares incluso”.
El significado de tener las llaves de un lugar muy especial

Al preguntarle qué significa para él tener las llaves de San Antonio, Pepe bromea diciendo que se siente “muy importante, soy el rey de esto”.
Por ello, “si Dios quiere y San Antonio me ayuda, a mi y a mi familia”, Pepe Pérez seguirá abriendo las puertas de esta ermita cada martes para que los devotos puedan encontrarse con la imagen frente a frente.





