El Gobierno de la Ciudad se ha topado en el cementerio musulmán con un problema, el de un concurso que quedó desierto por no ajustarse al marco de un mercado de precios disparados, que no ha sido único y que ha obligado a la administración a cambiar sus planes en múltiples proyectos.
El camposanto islámico llegó a estar a punto de quedarse sin posibilidad de hacer nuevos enterramientos, algo que debe evitarse planificando la solución a los posibles problemas previsibles, como este, con más antelación.
El Ejecutivo reaccionó con celeridad para hacer unas obras de urgencia que evitasen contratiempos inmediatos que ya están a punto de terminar.
Diluida la emergencia, la Consejería de Fomento no debe descuidarse con la licitación del proyecto principal para la construcción de unas 460 tumbas en la plataforma superior y otras 367 en las escalonadas además de espacios residuales para enterramiento de fetos y amputaciones que, sumadas, a la posible capacidad teórica de las explanadas inferiores ejecutadas en la primera fase, aproximadamente 570, darían un total de casi 1.400.
Así estaría garantizada la capacidad de enterramientos conforme al modelo que se ha seguido hasta ahora hasta 2030, un plazo razonable.
El Gobierno de la Ciudad tampoco puede olvidar el proyecto prometido para la construcción de un tanatorio de uso voluntario y gestión pública que mejore los servicios que se prestan a la ciudadanía de confesión musulmana.
Las instalaciones existentes en Sidi Embarek son, como ha reconocido el propio Ejecutivo, “manifiestamente mejorables”, y lo que debe hacer la Ciudad es planificar e invertir con antelación y previsión suficiente para mejorarlas y no encontrarse con problemas que puedan evitarse.






