Desde pequeña le gustaba la fotografía, sobre todo al verse atraída por las imágenes que se ofrecían de los desfiles de modelos de la pasarela de París. En segundo de carrera se compró su primera cámara y, desde entonces, no ha parado de recopilar retratos, paisajes y momentos de la vida cotidiana.
A Beatriz Lamenca es habitual verla con su equipo a cuestas -que pesa tres kilos y medio- dando vueltas por la ciudad, sobre todo durante determinadas tradiciones como la Semana Santa, los carnavales o las Fiestas Patronales. Cualquier instante es bueno para buscar el momento oportuno para pulsar el dedo y conseguir llevar a su cámara algo que se salga de lo común.
Le gusta jugar con los segundos planos, no es amiga de las nuevas tecnologías y le apasionan las imágenes en blanco y negro. Por este motivo, reconoce que su vivienda se ha convertido en un museo de negativos y fotografías, las cuáles tiene perfectamente estructuradas.
No se vería nunca captando momentos en un conflicto bélico y destaca que estar preparada para no perder ni un segundo cuando llegue el instante de conseguir una foto es su principal objetivo. Tiene su propio estilo, es una autodidacta y destaca la luminosidad de Ceuta para dar rienda suelta a su pasión.
–¿Qué recuerdos tienes de la Ceuta de los años sesenta?
–Nací en el antiguo hospital de la Cruz Roja en la calle Real 90 que estaba a punto de cerrarse y mi madre me dijo que fue una de las últimas en nacer allí porque mis hermanos lo hicieron en la calle Alfau, donde viví hasta que tenía veintiséis años.
–¿Qué añoras de esos momentos?
–La confianza de jugar en la calle con total tranquilidad, sobre todo porque pasaban pocos coches y cuando jugábamos a la pelota escuchábamos los vehículos bajar por la cuesta y hasta teníamos tiempo de adivinar de qué coche se trataba, de hecho conocía el vehículo de mi madre por el ruido del motor.
–¿Se vivía más la familia que ahora?
–Sí, yo residía en el número 13 y al lado vivían mis abuelos, por lo que las dos casas estaban comunicadas con un agujero con una cuerda, por lo que por las noches sólo quitábamos la cuerda para cerrar porque no se cerraba con llaves. Además, en el número 11 vivía otra hermana de mi madre y había una puerta para comunicar las tres viviendas, por lo que siempre estaba rodeado de primos de casa en casa.
–¿Eras buena en los estudios?
–Me gustaban mucho porque me parecía adquirir cultura general y, por ese motivo, no fue un castigo ya que quería aprender. Además, leía todo lo que caía en mi mano, una afición que heredé de mi abuelo Benito que todos los días abría una enciclopedia para leer un rato.
–¿Por qué estudias para ser farmacéutica?
–Siempre me ha gustado la química porque me parecía algo muy mágico, principalmente cuando veía las películas de la Edad Media de los alquimistas. Por ello decidí estudiar Farmacia en Granada.
–¿Cuándo adquieres tu primera cámara?
–En segundo de carrera me compré la primera y empecé mi pasión por la fotografía. De pequeña me llamaba mucho la atención la fotografía de moda, sobre todo cuando veía los desfiles de modelos en París, aunque curiosamente la moda ha sido un campo que nunca he tocado.
–¿Cómo te inicias en este mundo de la imagen?
–Empecé haciendo fotos de mi familia, sobre todo en los viajes, hasta que poco a poco decidí ir aprendiendo. Al terminar la carrera empecé a ver exposiciones en el extranjero y a comprarme libros de fotografías que no había visto nunca en España.
–¿Con qué corriente de fotógrafos te identificas?
–Me reflejo en los fotógrafos de principios del siglo pasado americanos y europeos como Walter Evans, Lewis Hine, Robert Cappa, Carpier Bresson o Eugene Smith, es decir, con aquellos donde la instantánea en blanco y negro es la base de sus trabajos y que buscan el momento, sin nada más comercial.
–¿Recuerdas tu primera foto?
–Sí, una desde el cafetín de Benzú en un atardecer con una gaviota pasando por detrás, la cual se la regalé a una compañera de carrera que todavía conserva.
–¿Cuándo se traduce en pasión el gusanillo de las fotos?
–Cuando empecé a aprender a base de estropear fotos y equivocarme. Me considero una autodidacta ya que sólo he realizado un curso en la Agrupación Fotográfica.
–¿Qué es lo que más te gusta?
–El trabajo en blanco y negro pero todo de forma analógica. Me gusta buscar la armonía, el equilibrio y la belleza en mis fotos, sea el tema que sea.
–¿Qué busca a la hora de plasmar algo?
–Veo un instante y intento buscar lo más bello de ese momento aunque basándome en la luz, el encuadre de la fotografía, el tipo de objetivo, la velocidad de la luz y jugar mucho con los segundos planos así como con el juego geométrico. No tengo una técnica en especial.
–¿Es Ceuta una buena tierra de fotógrafos?
–Sí, tiene una maravillosa luz y el que no exista más fotógrafos es porque no habrá surgido ya que las luces son únicas y dan mucho juego. Cuando el viento es de poniente la atmósfera está limpia y puedes encontrar mucha profundidad de campo para las imágenes.
–¿Alguna estación en especial?
–Todas son buenas pero prefiero la primavera y el verano. Sin embargo, la primavera-otoño es también un buen momento porque puedes lograr más tonalidades, pero si quieres hacer un atardecer en color la mejor etapa es el final del verano que es cuando el sol se pone entre la Mujer Muerta y Tarifa.
–¿Qué es lo que más te apasiona llevar a tu objetivo?
–La vida cotidiana y el ritmo de una ciudad, lo que incluye personajes, retratos, arquitectura y paisajes. Reconozco que lo que más me gusta son los retratos, sobre todo cuando el personaje, de forma consciente o no, me mira en un momento y puedes captar mucho de su vida interior con un simple gesto.
–¿Dónde no te ves haciendo fotos?
–En un conflicto bélico porque me quedaría bloqueada, motivo por el cual no sería nunca corresponsal de guerra.
–¿Eres amiga de las nuevas tecnologías aplicadas al campo de la imagen?
–Prefiero el trabajo analógico con carretes porque me gusta el blanco y negro, lo cual requiere su tiempo.
–¿Tienes cámara digital?
–Sí, me la compré en el año 2008 porque el Gobierno de Canarias me contrató para la segunda Bienal de Arquitectura Paisajística y me exigía color, fotografía digital y formato “raw”, por lo que hice el trabajo y la verdad es que me sorprendió el resultado porque fue una experiencia maravillosa.
–¿Cualquiera puede ser fotógrafo hoy en día?
–Cualquiera que tenga ojo fotográfico, es decir, saber aislar de un todo un momento concreto.
–¿Son las tradiciones un buen momento para captar imágenes inéditas?
–A mí me gustan todas las fiestas y siempre busco coger algo diferente saliendo todos los días con la máquina, lo cual no es fácil. No me gusta el flash y en Semana Santa debes explotarlo.
–¿Has convertido tu casa en un ‘museo’ fotográfico?
–Mi casa está adornada por negativos, fotografías y libros. Guardo todos los negativos y también los escaneo para pasarlos al ordenador, con lo cual es una forma de revelado actual. Lo tengo todo en cajas ordenadas.
–De las cientos de fotos que has realizado ¿Con cuál te quedas?
–La que más cariño le tengo es una de mi madre porque ella nunca quiere ser fotografiada, además de que raramente me mira para las fotos. Un día conseguí un retrato donde mi madre me miraba de forma serena y equilibrada. También recuerdo una imagen en el año1995 que realicé en Bruselas titulada “El Beso” donde me senté en el suelo a unos cuatro metros de un pintor y esperé hasta que apareciera un segundo plano que me gustara, momento que llegó al aparecer una joven pareja que cuando disparé tuve la suerte de que se besaba con pasión.
–¿Cómo te gusta que identifiquen tus fotos?
–Por la serenidad, que es lo que la gente me dice, y la verdad es que es una opinión que comparto.
–¿Te gustan las exposiciones?
–Sí, es una forma de enseñar mi trabajo y exponerme a los demás. Supone otro paso a nivel personal.
–¿Tienes alguna ambición a nivel de fotografía?
–Sí, poder exponer más fuera de Ceuta, en alguna galería peninsular. Mis fotos tienen fuerza pero hasta ahora no he tenido los contactos para dar ese paso para estar en sitios como el Reina Sofía, donde se mima mucho la fotografía. Por lo demás, me gustaría seguir haciendo retratos y estar preparada para cuando llegue la foto idónea poder captarla.
El cine y la lectura, su distracción
FICHA. Beatriz Lamenca Cachinero (Ceuta, 1959) es la menor de una familia de cuatro hermanos cuyo padre nació en Zaragoza y su madre es ceutí.
Farmacéutica de profesión desde el año 1982, inició su trayectoria profesional en un almacén de jabones medicinales donde permaneció durante un año hasta que comenzó una relación laboral de tres años en la Farmacia Zurita.
Desde el año 1985 desempeña su labor en el Área de Sanidad de la Delegación del Gobierno, por lo que la sede de San Amaro se ha convertido en su segunda casa hasta que hace dos meses se produjo el traslado a unas dependencias en el puerto.
Es una aficionada al cine -del que le gustan todos los géneros menos el terror y el bélico-, le gusta la lectura (principalmente la novela histórica y el thriller) y ha jugado al baloncesto y al tenis así como ha practicado la equitación.







