La confusión del debate político con el esperpento tiene su máxima expresión en el portavoz de Vox en la Asamblea. Ya vivimos otras épocas en las que los diputados se asomaban al atril cual aprendices de matones de discoteca disfrazados de servidores públicos. Algo así le sucede a la voz cantante de los 4 del ‘solo queda Vox’, que gusta de recibir la palmada en la espalda de los suyos a base de arremeter, de forma cobarde, contra otros diputados con frases sin terminar, con comentarios sin pruebas o lanzando piedras al aire a sabiendas de que alguna caerá y provocará el daño pretendido. Así funciona el juego de sacar la patita por debajo de la puerta para que algo se note pero guardando la ropa por si las moscas. Es lo propio de los cobardes. Y eso es lo que le pasa a Verdejo.
Mi apreciado Mohamed Mustafa ‘Moja’ lo definió ayer a la perfección: estamos ante un cobarde que no se atreve a decir lo que realmente piensa y, cuando lo dice, intenta recular días después con nefastas ruedas de prensa con el manido ‘yo no he sido’ para buscar otros culpables. Lo hizo recientemente al aludir a la integración LGTBI citando expresamente los nombres de dos mujeres de las filas populares, para luego aguantar el chaparrón culpabilizando a los medios de comunicación que odia de tal revuelo. Es lo que queda. Son cuantiosos ejemplos los que atesora ya la marioneta que gusta de que muevan sus hilos.
A los provocadores de las palabras y los actos les va eso de operar de esta forma. Recuerden con el famoso apuñalamiento en la Ribera y la nota falsa de Vox culpando a menores extranjeros de tal delito. Instaron a la ciudadanía a acudir a una concentración y esperaron en la mesa de una cafetería a ver si merecía apropiarse del éxito de la misma o no. Como la jugada de la mentira les salió mal, porque hubo una Policía Nacional que hizo bien su trabajo, estos auténticos artistas de la intoxicación que acusan a los medios de no difundir sus notas de prensa falsas tal cual las envían se quedaron tomándose su café. Ocultos, en el lado de los que asoman la patita pero se resguardan por si las moscas. No sea que la tormenta les salpique y no tengan ya forma de defenderse.
Esto es lo que toca. En un mundo de falsos políticos, de los aprendices que solo buscan broncas para relevar a los viejos matones de discoteca, hasta el más pipiolo es el rey.







Grande Carmen!!