La playa de Benítez comienza a recuperar su imagen habitual, aunque con una diferencia importante: el vallado que avanza a lo largo del arenal y las restricciones de acceso que buscan impedir que los inmigrantes vuelvan a instalarse en la zona.
La presencia policial es constante y el dispositivo de seguridad se mantiene sobre el terreno para preservar las instalaciones y evitar la formación de un nuevo asentamiento.
El paisaje ha cambiado tras el desalojo de las personas que durante días hicieron de esta playa su hogar.
Instalación de vallado
Los restos de las casetas han desaparecido y los servicios de limpieza han trabajado para retirar los residuos acumulados, incluso durante la noche, con el objetivo de devolver al arenal unas condiciones adecuadas.
Ahora, los trabajos se centran en instalar el vallado y cerrar los puntos de acceso. Desde la zona de las letras de colores hasta el entorno más próximo a la desaladora, los pasos permanecen restringidos para impedir que se vuelva a ocupar el espacio.
Un dispositivo policial constante
La actuación responde también a la preocupación que habían trasladado los vecinos, que temían que, tras el desalojo, se repitiera lo ocurrido en la playa del Trampolín, cuando una vez desalojada la playa volvió a reproducirse el asentamiento, y hasta ahora.
Por el momento, la situación en Benítez es diferente. La vigilancia se mantiene durante toda la jornada y el dispositivo cuenta con agentes de la Policía Nacional y militares.
Estos últimos se sitúan en el entorno de las letras de colores, mientras que los policías permanecen más cerca de los trabajadores que avanzan con la instalación del vallado, en el tramo comprendido entre la desaladora y la playa.
La acera, también restringida
Las restricciones también afectan a la acera superior, cuyo paso se ha cerrado con una cinta de la Policía Nacional en la que se advierte de la prohibición de acceder.
Pese a las medidas, algunos puntos del precinto ya han sufrido daños. Dos de las cintas colocadas en la zona más próxima a las letras de colores han sido arrancadas.
Además, todavía se observa a algunos inmigrantes transitar por los alrededores, aunque abandonan el lugar cuando se percatan de la presencia de los agentes o de los militares.
Vigilancia y cierre de accesos
La vigilancia y el cierre de los accesos permiten mantener despejada la playa, mientras los vecinos observan cómo avanzan los trabajos.
La tranquilidad, relativamente, ha regresado a la zona, aunque el vallado que atraviesa el entorno recuerda que la normalidad todavía está condicionada por las medidas adoptadas para evitar nuevas ocupaciones.
El Guano sigue sumando casetas
La situación contrasta con la que se vive en el Guano, donde el asentamiento continúa creciendo. Cada vez hay más casetas y algunas estructuras comienzan a dificultar la visibilidad de los baños públicos desde la carretera. Otras se acercan progresivamente al espacio de las duchas.
La actividad cotidiana se desarrolla entre estas construcciones improvisadas. Algunos inmigrantes matan el tiempo jugando a la pelota, que en ocasiones termina en la carretera nacional.
Cuando esto ocurre, salen a recogerla y cruzan la vía, una situación que genera momentos de peligro para quienes circulan por este tramo.
Las construcciones provisionales siguen ganando terreno mientras Benítez permanece cerrada y vigilada.
Despejado el entorno de la desaladora en el Trampolín
En la playa del Trampolín también se han producido cambios. La zona más próxima a la desaladora ha quedado despejada de las casetas que se levantaban junto al muro de la instalación.
La fila de chabolas que ocupaba ese espacio ha desaparecido tras la actuación realizada para liberar el entorno.
Una infraestructura esencial
La intervención permite recuperar una franja que había quedado ocupada por construcciones improvisadas, en una zona próxima a una infraestructura esencial para el abastecimiento de agua de Ceuta.
Así, mientras Benítez avanza hacia un escenario marcado por el vallado y el control de los accesos, el Guano continúa sumando casetas y el Trampolín registra nuevos desalojos junto a la desaladora, que no suponían un gran número de casetas.







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