Si la Consejería de Gobernación pretendía clarificar la polémica ocasionada por la vigilancia y apoyo al servicio público en su entrada al Príncipe no lo logró. Más bien consiguió lo contrario. Que pretenda ‘venderse’ como algo normal que el autobús no entrará en la barriada hasta que no estén operativas las Brigadas Cívicas (no nos olvidemos que las componen media docena de vecinos del barrio) es un insulto a la inteligencia.
Las explicaciones dadas al respecto fueron pésimas. Que se fundamente la no entrada de la Policía Local en la barriada en razones de seguridad a terceros cuando, al mismo tiempo, se está vinculando los destrozos en los autobuses a un grupo de “incívicos”, “salvajes” que no llegan a la mayoría de edad parece de risa. Esos “salvajes”, como los denominaron ayer, han conseguido poner en jaque a toda una Policía Local cuyos mandos han optado por una decisión incongruente donde las haya: entre las 14:00 y las 16:00 horas el autobús se quedará en la rotonda del Reina Sofía porque la Policía terminará ahí su escolta pero no porque sus agentes tengan miedo, sino porque de hacerlo pondrían en riesgo a los demás. No obstante, cuando se incorpore la media docena de vecinos que integra las ya desaparecidas y ahora recuperadas Brigadas Cívicas sí que habrá ruta completa y sí que entrará la Policía. ¿Dónde está el chiste? A Gobernación le ha debido parecer que era el momento de poner cierta sorna a un asunto que no lo tiene, así que nos ‘vende’ como la solución más normal del mundo que todos debemos asimilar y entender, que el control sobre unos “gamberros, no más de 15 ó 20” debe ser ejercido por vecinos y no por policías, a pesar de que este Cuerpo dispone de una UIR preparada para hacer que la barriada sea una zona normal, alejada de etiquetas y de decisiones incongruentes como ésta. Pero ahí no termina el bochornoso espectáculo ofrecido ayer. Aquí hay un debate serio, un asunto que debe ser aclarado. Pero ante la falta de argumentos, a la señora consejera Yolanda Bel no se le ocurrió otra salida que poner parapeto a la Policía Local, convirtiendo este asunto en un virtual ataque a este Cuerpo. Vuelve el fantasma del 6-F y la defensa politizada de la Guardia Civil pero extrapolada al ámbito municipal. “Espero que no se esté enjuiciando a la Policía Local”, denunció la reconvertida en una Agustina de Aragón sin causa alguna que defender. Ante la falta de argumentos, lo fácil es convertir un problema grave en una historia de buenos y malos, de gente que quiere a la Policía y gente que la tira por los suelos. Nada más lejos de la realidad. Aquí se trata de dar una explicación convincente de por qué un servicio público termina mermado, de por qué parece que tiene más respeto y fuerza unas Brigadas Cívicas que la Policía, o por qué un comité de empresa insiste en manifestar que funcionarios policiales se negaron a escoltarles el pasado miércoles sin que desde Gobernación se haya dado una respuesta convicente más allá de que hubo una “inexactitud” pero nadie miente. Bochornoso.
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