Unidad, firmeza y templanza son hoy mucho más que palabras: son la respuesta que necesita una ciudad que todavía no ha recuperado la normalidad.
Hay momentos en los que una ciudad necesita algo más que declaraciones políticas. Necesita serenidad, coordinación y respuestas. Ceuta atraviesa uno de esos momentos. Han pasado más de dos semanas desde la entrada masiva del 30 de julio y, aunque la situación fronteriza pueda haber recuperado parte del control, la sensación de normalidad todavía no ha regresado plenamente a las calles.
Por eso resulta especialmente importante que el Gobierno de la Ciudad haya decidido sentarse con la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos (FPAV) y con las asociaciones de las barriadas. Porque son los vecinos quienes están viviendo de primera mano las consecuencias de aquella crisis: problemas de seguridad, deterioro de espacios públicos, acumulación de residuos, alteraciones de la convivencia y, sobre todo, una sensación de incertidumbre que no puede ignorarse.
La decisión de mantener reuniones semanales hasta recuperar la normalidad es acertada. No basta con escuchar a los vecinos una vez. Hay que hacerlo de manera permanente, conocer qué ocurre en cada barriada y comprobar que las medidas anunciadas llegan realmente a donde tienen que llegar.
Y en este contexto, las palabras de Juan Vivas apelando a la unidad, firmeza y templanza deben ser entendidas como una llamada a la responsabilidad colectiva. Ceuta no necesita ahora enfrentamientos entre instituciones, ni discursos incendiarios, ni una competición por capitalizar políticamente el miedo de los ciudadanos. Necesita que todas las administraciones estén a la altura.
Pero la templanza no significa resignación. La firmeza tampoco puede quedarse en una declaración. Si se considera necesario reforzar la frontera, debe hacerse. Si es necesario agilizar las devoluciones, deben buscarse los mecanismos legales para hacerlo. Y si se reclama la presencia de Frontex en el Tarajal, el Gobierno de España debe escuchar esa petición y explicar qué respuesta piensa dar.
También es imprescindible que la recuperación de la normalidad se produzca en las calles. Los casi 800 trabajadores movilizados por la Ciudad para tareas de limpieza, adecentamiento y recogida de residuos, un 60% más que los medios ordinarios, demuestran que se está haciendo un esfuerzo extraordinario. Pero ese esfuerzo debe mantenerse mientras sea necesario y acompañarse de una respuesta igualmente contundente en materia de seguridad.
Porque el problema de fondo no desaparece cuando disminuye la presión fronteriza. Ceuta ha sufrido una crisis que ha dejado huella, y sus ciudadanos tienen derecho a saber qué se va a hacer para evitar que vuelva a repetirse.
La ciudad necesita recuperar la confianza. Y esa confianza no se recupera con promesas, sino con hechos: una frontera protegida, procedimientos de devolución eficaces, seguridad en las barriadas, servicios públicos funcionando y una Administración que escuche y responda.
Ceuta debe recuperar la normalidad. Pero para ello no basta con esperar a que el tiempo haga su trabajo. Hay que actuar. Y hacerlo juntos. Con unidad, sí. Con templanza, también. Pero, sobre todo, con firmeza y con resultados.
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