Si alguien esperaba una sorpresa tras la desclasificación de informes y comunicaciones reservados sobre la entrada masiva en Ceuta se topó con la cruda realidad de las artes que se estilan en política. Hay más sombras que luces en todo este relato y ninguna dimisión, salvo la de aquella funcionaria que cayó en el olvido y que se atrevió a dar el único dato verdadero de aquel momento. Hacer su trabajo le costó el puesto.
Hubo más de 140 muertos y un ataque a la integridad de España, y lo que no tenemos son datos. Datos de la cantidad de personas que han entrado en Ceuta, pero, más grave aún, datos de quiénes han entrado y dónde se encuentran.
Existe preocupación sobre esto último entre las fuerzas de seguridad, mucha, pero tampoco les dejan hablar. Impusieron el veto, no hay comunicaciones sobre intervenciones, se calla todo lo que sucede. También se miente. El ministro Marlaska lo hizo al aseverar que era imposible que se detectaran entradas de personas radicales. Ya llevamos varios expulsados.
El relato que trasciende de los informes desclasificados, que no son todos los que hay ni los más relevantes, se resume en un esqueleto perfecto en el que todos quieren quedar bien. Y eso, como ustedes saben, es imposible. Ante un desastre de esta índole tiene que haber responsabilidades. Ante la mayor tragedia entre fronteras que se ha producido tiene que haber consecuencias. Es evidente que hubo fallos y que fueron tan graves como para poner en riesgo la seguridad nacional y colapsar a toda una ciudad.
Todos avisaron sobre una presión migratoria, pero nadie fue capaz de calibrar la envergadura de un pase de más de 80.000 personas. Esto, dicho así, puede quedar bonito, pero todos sabemos que es mentira. Resulta imposible que, conociendo solo un poco Marruecos, alguien se atreva a mantener que lo sucedió ese 30 de julio era imprevisible.
El país vecino supo perfectamente de la llegada progresiva de marroquíes del sur hacia la zona norte. Era algo que se veía, el hecho de no actuar tiene una explicación aún ni conocida ni convincente.
Las fuerzas de seguridad sabían perfectamente lo que estaba pasando porque, entre otras cosas, estaban en la frontera todos los días previos a ese 30J. Lo veían, por tanto, debían preverlo. Y si, como se mantiene en el relato sostenido por el Gobierno, nadie pudo prever esas consecuencias, ya están tardando para ordenar ceses, renovación de cúpulas y de servicios de información por no dar la talla.
Esto se pasa por alto, cuando es una de las muchas madres que tiene este cordero. ¿Serían ustedes capaces de mantener un servicio que no les es de utilidad? La respuesta es evidente: no. Pero aquí sucede todo lo contrario, aquí se pasa de puntillas sobre una realidad tan grave como que ha colapsado toda una ciudad. Ese bloqueo interesó a alguien, como también ver cómo un sector de la sociedad se desquicia públicamente, cómo los servicios básicos no rinden como debieran y cómo se teme un estallido social.
Todo esto beneficia a alguien, quizá ahí radique la clave de por qué hay más sombras que luces todavía. Más de 40 días después.






