El pueblo de Ceuta sabe de sobra, y no soy yo quién para recordárselo, la situación tan delicada y dolorosa que estamos pasando.
No creo que sea necesario decirle a nadie que hemos sufrido una invasión proveniente de un país que hasta hace poco se tenía por vecino y amigo.
Ni creo que a los habitantes de ese país haya que recordarles que durante años han vivido a la sombra de Ceuta, y muy bien por cierto (y pienso que en Melilla ha ocurrido algo parecido) en comparación con la casta privilegiada de Marruecos.
Hasta que llegó el covid.
A partir de entonces centenares de marroquíes perdieron sus empleos en Ceuta; empleos que durante décadas habían permitido que esos cientos (o miles) de personas tuvieran un nivel económico impensable para una gran mayoría de los habitantes de Marruecos; empleos que no han podido recuperar por la tozudez de su gobierno que en vez de luchar por su pueblo, le ha privado de todo aquello que ayudaba día a día a su manutención.

Todo lo que podamos hablar en favor de España de nada servirá si el interlocutor es tozudo como una mula y pretende hacernos comulgar con ruedas de molino.
En los últimos coletazos de un sistema casi medieval nos ha tocado a los españoles (especialmente a los habitantes de Ceuta y Melilla, y sobre todo a los de Ceuta) sufrir una angustiosa s¡tuación con una ANUNCIADA invasión que ha pasado por varias vicisitudes, pero que amenaza con cronificarse con el tiempo.
Coincide esta adversa situación con la presencia en España de un gobierno débil que no sabe hacer otra cosa que ceder ante las exigencias y el chantaje de un vecino mal avenido, vaya usted a saber por qué aunque a estas alturas muchos españoles tenemos ya conciencia de que algo muy gordo ha pasado y que las autoridades de Marruecos lo sabe.
Ante todo este cúmulo de circunstancias al pueblo no le queda otra cosa que manifestar su malestar y exigir soluciones prácticas y duraderas. Porsupuesto dicha situación tiene sus culpables:
-De una parte un gobierno español endeble y entregado al (llamémosle de alguna forma) enemigo. Un gobierno de España plagado de ministros mentirosos, como su “Puto amo”, cuya principal finalidad es perpetuarse en el poder, él y sus acólitos o palmeros.
De otra parte un país que se dice amigo, pero que actúa como un acérrimo enemigo. Si, enemigo; un país no fiable y enemigo que ha permitido, cuando no propiciado, una invasión aparentemente pacífica; aunque el tiempo dirá… Un país que ha ostentado el dudoso “honor” de amenazar a España con la idea de “recuperar las ciudades y demás territorios ocupados.
Hasta aquí el preámbulo de lo sucedido en Ceuta en los últimos 38 días. Aunque los movimientos anteriores ya suponían un preludio de lo que vendría después.
Actualmente Ceuta sufre toda una invasión con un gobierno (el nuestro) catatónico, inactivo, indolente, rallando los bordes de una TRAICIÓN.

Después de todo lo sucedido, del tiempo transcurrido y de no haber rendido cuentas, estamos como el primer día.
¡Qué digo igual! Estamos mucho peor, porque cada día nos desayunamos con algo nuevo.
Hoy, he escuchado en plena calle Real, accidentalmente, una conversación entre dos personas (Una de ellas militar, el otro, también; aunque no iba identificado con su uniforme.
Y hablaban que, en los próximos días, la bandera de la Legión, tantas y tantas veces reclamada por el pueblo para patrullar las calles y defender la frontera, va a ser desplazada a la frontera de Mauritania. Ignoro qué cojones pinta la Legión allí, cuando la necesitamos aquí.
¿Por qué la Legión? ¿Por qué ahora? ¿Qué planea el number one? ¿Va a ser ésta su última traición?
Que lo sepa todo Ceuta, que lo sepa toda España, que lo sepa toda Europa.
Nos escamotean la Legión, un cuerpo capaz de resolver a la mayor brevedad posible problemas como éste.






