Todas las noches es la misma historia. Los inmigrantes, adultos y también algunos menores, buscan la manera de burlar los controles de la Policía portuaria para colarse en los barcos.
Confían en que la escapada les salga bien y se retratan en la ristra de compatriotas que ya se encuentra al otro lado, tras protagonizar lo que se conocen como salidas oficiosas, es decir, las que no controlan las fuerzas de seguridad pero sí se notan en el CETI porque sus residentes, sencillamente, ya no vuelven.
En lo que va de año más de 250 inmigrantes han abandonado de esta manera el centro del Jaral, según han informado fuentes policiales a El Faro. El 80% de ellos era de origen argelino. Se marchan y otros vienen, en un reflejo evidente del efecto llamada que opera con esta nacionalidad desde hace tiempo. Y no opera por casualidad, sino adecuadamente coordinado. Esta cifra es estimada, ya que se sospecha que incluso sea superior si se tiene en cuenta la población irregular que no es controlada desde el CETI, ya que existe una bolsa de extranjeros que, pese a estar en la ciudad autónoma, no han sido interceptados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado porque permanecen ocultos en zonas de difícil acceso o bien conviven en domicilios de conocidos o incluso alquilan habitaciones en hostales.
Por las mañanas, cualquiera que se pasee por la avenida portuaria se topa con grupos de argelinos y algún subsahariano buscando esa escapada. De madrugada la historia no varía, la avenida portuaria recoge las mismas imágenes, con adultos que vienen acompañados, en algunos casos, de menores.
Buscan formas de escape, buena parte de ellas arriesgadas, como colgarse de los cables que se cuelgan en el embarque para, desde el techo, acceder a los ferrys o meterse debajo de las planchas de vehículos. Son métodos arriesgados que intentan ser abortados por la Policía portuaria todas las noches. Pero la insistencia no cesa. Ha habido noches en los que han interceptado hasta en tres ocasiones al mismo inmigrante. Cada día lo intenta, así hasta que consiga lo pretendido.
De las personas que abandonaron la ciudad de forma no oficial, la inmensa mayoría son argelinos, precisamente, la nacionalidad de los individuos que mayor presión ejercen sobre las distintas vías de fuga ilegales que existen en Ceuta. Se calcula que en torno al 80 por ciento es argelino, mientras que el 20 por ciento restante corresponde a ciudadanos procedentes de los distintos países del África subsahariana con presencia en la ciudad.
A los camiones, se suman los contenedores: una vía esta mucho más delicada con la que se han muerto ya varios sin papeles.
Los lazos familiares con falsa documentación
Además de estos métodos, muchos se arriesgan a cruzar el Estrecho a cara descubierta con documentación falsa o con una legal pero robadas a turistas y que pueden tener parecido físico con el inmigrante. En algunos casos hay lucro de por medio, ya que por una documentación falsa se pagan entre 200 y 1.500 euros, subraya la Policía Nacional. En otros casos, el inmigrante irregular lleva documentación falsa para acompañar a sus familiares, a los que no han pagado dinero por cruzar al otro lado. Durante la Operación Minerva, los agentes se han incautado de 136 documentos falsos, un 81,3 por ciento más que los intervenidos en ese mes y medio de 2012.
En la amplia mayoría de los casos, los detenidos terminan absueltos o condenados a la mínima pena que los excluye de cárcel, al demostrarse que no ha existido un tráfico ni se ha puesto en riesgo la vida del sin papeles. El sistema se reduce a intentar que la Policía se despiste y no detecte el pasaporte falso o no compruebe con detalle que quien lo porta no es realmente el que aparece en ese careto. Cortar esa salida es imposible. ¿Cómo impedir que al término de la OPE haya familiares que quieran, sencillamente, tener las mismas oportunidades que los que han triunfado en Europa? Romper con esos sueños es un imposible.
En estos casos la mayoría de los interceptados son hermanos, sobrinos o familiares directos de quienes conducen los vehículos en donde se les intercepta, sentados como si fueran otros pasajeros más. No existe riesgo, sí un ánimo de buscar una vida mejor pero el delito se produce y los implicados terminan viéndose relacionados con una falsedad documental ya que no existe delito de tráfico.






