En el periodo comprendido entre los años 2023 y 2025, se han registrado temperaturas récord a nivel global, reflejando de manera preocupante el avance del cambio climático. El año 2023 fue el más cálido desde que existen registros, con temperaturas medias globales que superaron los 1,5°C respecto a los niveles preindustriales. En 2024 y 2025, la tendencia al alza continuó, alcanzando nuevos máximos históricos en distintas regiones del planeta, incluyendo olas de calor excepcionales en Europa, América y Asia. Estos datos evidencian la urgencia de adoptar medidas más ambiciosas para mitigar el calentamiento global y proteger tanto los ecosistemas como las comunidades humanas.
Me ha llamado la atención la explicación sobre los fundamentos físicos del cambio climático, contenidos en un manual de mis estudios de Ciencias Ambientales. En este caso hablaban del concepto y de los efectos de fenómeno conocido como “resonancia” y cómo el mismo puede ser desastroso. Es lo que ocurrió en el famoso puente Tacoma Narrows, destruido por oscilaciones resonantes durante un vendaval en el mes de noviembre de 1940, a solo cuatro meses de su inauguración. Pero la resonancia también se produce en los sistemas microscópicos, que implican la oscilación resonante de moléculas de dióxido de carbono, cuyas frecuencias naturales son del orden de la radiación infrarroja mediante la que la Tierra disipa el calor. Una mayor cantidad de CO2 en la atmósfera implica una mayor absorción infrarroja, lo que a su vez hace que la temperatura superficial aumente.
Edward Mazria, arquitecto y fundador de Architecture 2030, destaca que los edificios son responsables de aproximadamente el 40% del consumo energético global y de una proporción similar de las emisiones de gases de efecto invernadero. Este elevado gasto energético incluye tanto la energía utilizada en la construcción como la necesaria para el funcionamiento diario, lo que subraya la urgencia de adoptar prácticas más eficientes y sostenibles en el sector de la edificación.
Es el caso del concepto de diseño regenerativo, promovido por el arquitecto Bill Reed y su equipo, que va más allá de la sostenibilidad al centrarse en la regeneración activa de los sistemas naturales y sociales. Reed plantea que no basta con reducir el impacto negativo de nuestras acciones, sino que debemos aspirar a restaurar y mejorar los ecosistemas, creando relaciones beneficiosas entre la naturaleza y las comunidades humanas.
Según el experto Ben Haggard, el diseño regenerativo implica una visión holística en la que los proyectos deben generar un impacto positivo neto, fomentando la resiliencia y la salud tanto de los ecosistemas como de las comunidades humanas. Esto implica la integración de especies autóctonas en los paisajes, la recuperación de suelos degradados, la gestión eficiente del agua y la creación de espacios que faciliten la participación de la comunidad en el cuidado y la mejora del entorno. Asimismo, es esencial establecer sistemas de monitoreo y adaptación continua para asegurar que las intervenciones realmente contribuyan a la regeneración y resiliencia del hábitat.
En el contexto del diseño regenerativo y la necesidad de restaurar los ecosistemas, resulta relevante mencionar la importancia de la Cumbre del Clima de Brasil. Este evento internacional reúne a líderes políticos, científicos, representantes de la sociedad civil y expertos medioambientales de todo el mundo para debatir y coordinar acciones frente al cambio climático.
Entre los temas más importantes que se abordarán en la COP 30 de Belém, Brasil, destacan la profundización de los compromisos globales para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, el fortalecimiento de las acciones para la conservación y restauración de la Amazonia, y la financiación climática dirigida a países en desarrollo. Además, se prevé que se discutan estrategias para la adaptación frente a los impactos del cambio climático, incluyendo la protección de poblaciones vulnerables, la transición energética justa y la promoción de soluciones basadas en la naturaleza.
La COP 30 también pondrá especial énfasis en el rol de los pueblos indígenas y comunidades locales en la gestión sostenible de los recursos, así como en la integración de sus saberes tradicionales en las políticas climáticas. Otro punto relevante será la cooperación internacional para acelerar la transferencia de tecnología y conocimiento, garantizando que los avances en materia de sostenibilidad sean inclusivos y equitativos a nivel global.
Es lamentable que haya países poderosos, como los Estados Unidos de América, que de la mano del Donald Trump nieguen el cambio climático y apoyen a la industria contaminante de los combustibles fósiles. Pero mucho más lo es que en una Comunidad como Valencia, asolada por los efectos de la última DANA, consecuencia de este cambio climático, se ponga como condición para facilitar el nombramiento de nuevo presidente abandonar el pacto verde europeo. No podemos consentir gobiernos negacionistas en uno de los países que más va a sufrir por los efectos del cambio climático en Europa.
No obstante, en palabras del coordinador de la Mesa por Clima de Granada, Federico Velázquez, en un reciente artículo en IDEAL, es una buena noticia que en la nueva cumbre COP 30 de Belém, se reúnan 193 países para hablar del cambio climático y 74 de ellos ya hayan presentado planes climáticos. Hay que seguir teniendo esperanza.
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