Categorías: Opinión

Más alla del CETI

Marruecos vuelve a cooperar. Sus playas próximas a Ceuta han dejado de ser lanzaderas de ilegales después de un verano de auténtico infarto. Su relajación, incumpliendo los acuerdos pertinentes, era difícil de comprender. Todo parece ya distinto. Esas más de 500 entradas en balsas han sido un flujo muy preocupante, si bien, para Madrid, ajustadas a la ‘normalidad’.
Ahora, con el CETI a tope, quienes se niegan a una estancia digna y humanitaria en el mismo, crean su propio centro paralelo. Todo un paradigma de tercermundismo protagonizado por algunos de quienes, habiendo entrado de forma ilegal en el país, se permiten construir sus campamentos a base de chabolas, plásticos y cabañas de madera en las proximidades del Centro, desafiando la prohibición de paso en un terreno militar donde el peligro de incendio es evidente, especialmente con las improvisadas cocinas. Un entorno cada vez más parecido a un vertedero según las informaciones que ha ido recogiendo nuestro diario.
Ante la pasividad de la autoridad competente estos africanos viven a sus anchas en el monte, sabiéndose más seguros ante cualquier posible medida de expulsión del país, la única salida legal, en teoría, en la gran mayoría casos. Dónde mejor vivir pues para quienes manifiestan que no les agradan las comidas del CETI, ni sus normas de obligado y necesario cumplimiento que posibiliten una estancia digna y respetable a sus residentes.
Para ellos y para sus compañeros del campamento oficial, Ceuta es lugar de paso. Su objetivo es la otra orilla, mediante las salidas oficiales establecidas o recurriendo de nuevo a la ilegalidad, aun a costa de la propia vida. Algo normal para quienes después de muchas penurias y víctimas de las mafias, creyeron que su arribada a Ceuta significaba la conquista de su sueño europeo.
¿Y después del CETI, qué? En situación irregular, sin contratos ni ofertas posibles de trabajo, en un clima desesperante de paro y con unas perspectivas económicas demoledoras, carentes, la mayoría de ellos de cualificación profesional, su situación no puede ser más desoladora.
De ahí el recurso en las localidades turísticas del litoral, al ‘top manta’. En la Costa del Sol, según observo y se así se comenta, la presencia de africanos se ha duplicado este verano. Los paseos marítimos se convierten en auténticos zocos con los artículos expuestos a la venta en los suelos, invadiendo en tantas zonas las aceras hasta la mitad y convirtiéndolas en angostos pasillos cuando la afluencia de veraneantes es máxima.
Tal es la riada de improvisados vendedores, qué uno no puede por menos que sentir lástima de ellos preguntándose si habrán logrado hacer algo de caja cuando los veo retirarse con sus sacos y macutos a cuestas.  A todo esto, en la acera de enfrente, paradójicamente, comerciantes legalmente establecidos sufren, impotentes, las consecuencias de tan desbordante competencia desleal. Los ayuntamientos mientras tanto parecen hacer la vista gorda en la mayoría de los casos, quizá por aquello de no caer en lo políticamente incorrecto y evitarse complicaciones. No ha sucedido así en Barcelona, por ejemplo, donde la venta ilegal ha sido erradicada de cuajo este verano de los principales lugares turísticos, con la presencia de agentes vestidos de paisano e incautaciones de mercancías por doquier.
En el caso de Fuengirola, a finales ya de la temporada, quizá empujado por la presión desesperada de los comerciantes y probablemente con la boca pequeña, el Ayuntamiento lanza una campaña bajo el lema ‘STOP MANTA’. Entre otras cosas el mensaje es rotundo. Manifiesta que “haciendo compras ilegales eres cómplice de una actividad que infringe la ley; apoyas la inmigración ilegal y permites que las mafias internacionales en las que se sustenta la venta ilegal sigan enriqueciéndose; fomentas la economía sumergida y el fraude fiscal; los vendedores ilegales no pagan impuestos obligando a los que así lo hacen a pagar más; colaboras con la destrucción de puestos de trabajo en los negocios legales; participas en el deterioro de una imagen de la ciudad, que aspira a unos servicios y a un turismo de calidad. La venta ambulante ilegal daña nuestro comercio. ¡No la permitas! …”
El problema está servido. Éste es sólo el ejemplo urbano de la estampa veraniega del mismo. Va siendo hora de abordarlo en profundidad.

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