EFE
La ciudad de Fez vive días de dolor y conmoción tras el derrumbe de dos edificios residenciales que ha dejado al menos 22 fallecidos y 16 heridos, varios de ellos en estado grave.
El siniestro, ocurrido durante la medianoche del martes 9 al miércoles 10 de diciembre, ha sacudido a todo Marruecos y ha puesto de nuevo sobre la mesa el problema de la seguridad estructural en zonas urbanas con edificaciones no reguladas.
El accidente se produjo en torno a las 23:20 horas, cuando los dos inmuebles colindantes situados en el barrio de Al-Massira, al noroeste de Fez, se vinieron abajo repentinamente.
Los testigos describen una escena de caos, polvo y gritos mientras los vecinos intentaban rescatar a las personas atrapadas antes de la llegada de los equipos de emergencia.
Entre las víctimas mortales se encuentran cuatro menores, mientras que los servicios de rescate continúan trabajando en la zona ante la posibilidad de que haya más personas bajo los escombros.
En el momento del colapso, uno de los edificios albergaba una celebración familiar por el nacimiento de un bebé.
Las primeras investigaciones apuntan a irregularidades urbanísticas como causa probable del desastre. Según fuentes oficiales, los edificios tenían cuatro plantas, pese a que la licencia de construcción solo permitía dos. Ambos inmuebles acogían en total a ocho familias, que quedaron completamente afectadas por el colapso.
Los equipos de rescate, apoyados por maquinaria pesada, trabajan desde el miércoles en la retirada de los escombros y la búsqueda de posibles supervivientes, mientras se evalúan los daños estructurales en los inmuebles cercanos y se mantiene evacuada la zona como medida de precaución.
Las autoridades locales y la Fiscalía marroquí han abierto una investigación para determinar las causas técnicas del derrumbe y la posible responsabilidad administrativa o penal derivada de la construcción ilegal de los edificios.
Los primeros datos señalan que las estructuras fueron levantadas en 2006, dentro del programa “Fez, ciudad sin barrios chabolistas”, una iniciativa que pretendía ofrecer viviendas a familias procedentes de zonas marginales. Sin embargo, las obras se habrían ejecutado fuera de los estándares de seguridad y sin la supervisión adecuada.
Los equipos de inspección también analizan si se incumplieron las normas de urbanismo y materiales de construcción, así como la existencia de modificaciones posteriores no autorizadas que habrían debilitado la estructura original.
La magnitud del siniestro ha generado una profunda consternación entre los vecinos de Fez, que se han acercado al lugar para rendir homenaje a las víctimas y colaborar con las labores de apoyo a las familias afectadas.
Las autoridades locales han reubicado temporalmente a varios residentes en viviendas cercanas, mientras se evalúa el riesgo en el resto de construcciones del barrio.
El desastre ha reavivado el debate sobre la seguridad de las construcciones ilegales y la falta de supervisión técnica en algunas zonas urbanas de Marruecos, donde la expansión acelerada y la autoconstrucción siguen siendo fenómenos comunes.
Mientras se espera el resultado de las investigaciones, Fez permanece sumida en el luto, con banderas a media asta y una ciudad entera que busca respuestas ante una tragedia que pudo haberse evitado.
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