Lo que pasa en Ceuta se queda en Ceuta. Eso es lo que debe pensar el flamante ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien parece haberse entregado a los brazos de Pinocho.
Al pobre personaje de nuestra infancia le crecía la nariz cada vez que faltaba a la verdad. Como el ministro le coja cariño a eso de dejar que su ministerio siga difundiendo estadísticas falsas, veremos lo que le pasa.
Con la que está cayendo en Ceuta, con la presión que se registra sobre todo en el mar, con las situaciones críticas por las que pasan los guardias civiles… no sé cómo pueden seguir difundiendo esa absurda campaña de imagen.
Nuestro ministro podría coger el helicóptero cualquier día de estos, llegar a Ceuta, subirse a una patrullera y acompañar a los agentes solo una noche. Quizá así dejaría de hacer el ridículo vendiendo estadísticas que son falsas porque no recogen la auténtica realidad que pasa en el mar.
Yo no sé si a Marlaska, de chico, le gustaba Pinocho. Quizá le cogió demasiado cariño, porque no cabe otra explicación al ridículo que cada 15 días hace su ministerio ofreciendo una suerte de números para que la ciudadanía piense que la situación real es esa.
Cualquier día ocurrirá una auténtica desgracia en el mar. Cada noche estamos rozando la línea del milagro. Y eso no es bueno, porque de tanto arriesgar nos vamos a desayunar con el peor de los azotes.
Ceuta no puede pasar ni un día más así. Si Marlaska no quiere convertirse en un clon de Pinocho debe intervenir de inmediato, ya no solo con medios y recursos sino con gestiones políticas para terminar con esta barbaridad, con esas noches con más de 300 personas echándose al agua y unos agentes que no saben ya ni cómo salvar vidas.
Esto no se puede permitir. No puede caer sobre las espaldas de los guardias civiles la responsabilidad de estar viendo esa auténtica tragedia humana jornada tras jornada mientras Interior nos vende estas películas.
Si Marlaska no se quiere subir a la patrullera del Marítimo que al menos deje de contar mentiras. Por respeto a la Guardia Civil, a los demás ciudadanos y a esas personas que cada noche se echan al mar en una ruta imparable de desgracias.







Eso quema; día tras día la misma historia y nadie le pone solución, te hartas,te cansas,empiezan las discusiones,quién manda más,quién lo hace bien y mal y al final pagan justos por pecadores. Algo le ha tenido que llegar cuando alguien si iba en la embarcación, que fuera o no el ministro ya es mucho saber