El candidato a la Presidencia de la Ciudad del PSOE, Juan Gutiérrez, apeló ayer a una información publicada en un diario de tirada nacional sobre las supuestas intenciones del PP de no repetir pactos de gobierno como el de Castilla y León con la ultraderecha y limitarse, en todo caso, a alcanzar acuerdos de investidura con Vox tras las próximas elecciones para acusar a Vivas de tener la vocación o la orden de faltar a su promesa de no acercarse ni por equivocación a Redondo y compañía.
En lo único que acertó el socialista fue en que el líder del PP dijo lo mismo en 2019 y faltó a su palabra cuando naufragó su primer intento de entendimiento con el PSOE. La ultraderecha mostró entonces su peor cara: dispuesta a sacrificar la convivencia y la estabilidad de Ceuta a todos los niveles para cosechar votos extremistas aquí y sobre todo fuera. Elucubrar ahora, con todo lo sufrido, también por Gutiérrez, con que Vivas planee tropezar con la misma piedra se convierte en un insulto a la inteligencia de la ciudadanía.
Hacerlo, además, retorciendo un artículo en el que se apunta lo contrario sobre la tendencia de acuerdos que Feijóo pretende seguir a nivel nacional es un muy mal síntoma.
La responsabilidad y altura de miras de los socialistas al ofrecer gobernabilidad a la Ciudad ha sido alabada con justicia, pero con ese tipo de actitudes el PSOE y su líder, que tendrían razón en repudiar que se usasen los prejuicios con los que siempre se ha atacado a su partido por la derecha reaccionaria ceutí, corren el riesgo de dilapidar ese crédito ganado muy rápido.
Vivas ha sido, hasta la fecha, el candidato más claro con sus intenciones poselectorales: se irá si no es el más votado o no mejora sus resultados de 2019 y si gana pero no alcanza los 13 escaños no sumará nunca con Vox.
Durante el próximo mes todos los demás aspirantes a liderar el Ejecutivo local deberían ser igual de explícitos para que la ciudadanía juzgue con la mayor base posible (a partir de sus posicionamientos o por ausencia de ellos) a quién prefiere encomendarle la responsabilidad de llevar el Gobierno de Ceuta durante los próximos cuatro años.
La estrategia de la manipulación y la confusión no es admisible ni en campaña. Menos en campaña, aunque haya quien pueda creer que en este periodo vale todo.






