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Mambrú y sus guerras

Forman parte de nuestro cotidiano, de nuestra vida. Son expresiones o melodías que se encuentran instaladas en nuestro haber cultural, sin que sepamos muy bien como nos han llegado.

Con la canción infantil “Mambrú se fue a la guerra” se verifica lo dicho. El origen de la cantinela hay que buscarla en la Francia de 1709, cuando galos y british se enzarzan en la Guerra de Sucesión española.

Pero, ¿por qué esa guerra?

Porque Carlos II de España tiene la mala idea de morirse sin dejar descendencia y, claro, las potencias europeas quieren hacerse con el botín colocando en Madrid a alguien de su estirpe.

La guerra, que opone Habsburgos y Borbones, dura más de 10 años. Al final, con el Tratado de Utrecht, Felipe de Anjou (nieto de Luis XIV) se hace con el país con el nombre de Felipe V. Los Borbones acaban de hacer su entrada en España.

Todo esto está muy bien pero, y Mambrú ¿qué tiene que ver con todo esto?

En realidad, Mambrú es la españolización de Marlborough, ducado que corresponde a John Churchill. Los franceses le dan por muerto en una batalla y, choses de la vie, se transforma en una cancioncilla infanti. Mucho más tarde la pone de moda un niño que, posteriormente, se transforma en Luis XVI. Eso el texto, porque la melodía podría tener su origen en oriente medio y los templarios ser sus portadores hasta Europa.

La letra, aunque es utilizada por las peques para jugar a la rayuela, tiene lo suyo.

“Mambrú se fue a la guerra,

qué dolor, qué dolor, qué pena,

Mambrú se fue a la guerra,

no sé cuándo vendrá.

Do-re-mi, do-re-fa,

no sé cuándo vendrá…

Que Mambrú ya se ha muerto,

¡qué dolor, qué dolor, qué entuerto!,

que Mambrú ya se ha muerto,

lo llevan a enterrar.

Do-re-mi, do-re-fa,

lo llevan a enterrar.


En caja de terciopelo,

¡qué dolor, qué dolor, qué duelo!,

en caja de terciopelo,

y tapa de cristal.

Do-re-mi, do-re-fa,

y tapa de cristal.


Y detrás de la tumba,

¡qué dolor, qué dolor, qué turba!,

y detrás de la tumba,

tres pajaritos van.

Do-re-mi, do-re-fa,

tres pajaritos van,

Cantando el pío-pío,

¡qué dolor, qué dolor, qué trío!,

cantando el pío-pío”

Estamos en 2026 y, varios cientos de años después, Mambrú sigue yéndose a la guerra.

En los años 50 del siglo pasado, se contempla el horizonte de los 2000 como la panacea universal. La paz nos va a inundar, todo nos queremos, no hay guerras y los fusiles apenas si nos van a servir para jugar al billar y tal. Se puede considerar al personal de los ‘50 como bienintencionado, pero no como visionario.

Albert Camus, pensador de cabecera de este H2SO4, afirma, con relación a la guerra, que:

“Cuando estalla una guerra la gente dice que esto no puede durar, es algo demasiado estúpido. Y sin duda una guerra es demasiado estúpido, pero eso no impide que dure. La estupidez siempre insiste”.

Por si alguien se ha quedado con dudas, rematamos con la definición de guerra que ofrece el poeta Paul Valery:

“La guerra es una masacre de gente que no se conoce para provecho de gente que sí se conoce, pero no se masacra”.

Las guerras son la resultante de muchos factores, aunque, como ya se ha contado en este H2SO4, el escritor norteamericano Tom Clancy lo resume perfectamente en uno de sus libros de la saga de Jack Ryan: “A tiene una cosa. B la quiere y se la pide y A no se la quiere dar. Resultado: B machaca a A y le quita esa cosa”. Simple.

Y en esas estamos, con la moda de los Mambrús a cuestas.

Con una Rusia reducida a quedarse embarrada intentando invadir Ucrania, una China que mueve sus tropas económicas mejor que sus carros de combate (por ahora), y una UE que no da abasto con las beligerancias combinadas de Este y Oeste, sólo quedan los Estados Unidos para dominar de verdad al planeta.

Su presidente, armado hasta los dientes, va de país en país cogiendo lo que quiere como quien va buscando productos de rebaja por distintos supermercados, sin que le importe qué pasa con el tinglado después. Todos coinciden en decir que Trump está loco, que cambia de opinión según quién hable con él y lindezas de ese estilo.

¿Pero, y si la clave está en otro sitio?

Veamos lo que nos dicen los datos. El “USS Gerald Ford” (costo: más de 13.000 millones de dólares) es el portaaviones más impresionante y moderno del mundo. Con 330 metros de eslora y un desplazamiento de 100.000 toneladas, lleva a bordo 4500 personas, aunque está preparado para transportar hasta 6000. Alberga hasta 90 aeronaves, entre las que se encuentran los F-35 (más 100 millones de dólares la unidad), los F/A-18 Super Hornet (más 70 millones de dólares la unidad), E-2 Hawkeye (más 660 millones de dólares la unidad), helicópteros, drones y demás lindezas.

El mantenimiento de “USS Gerald Ford” le cuesta al contribuyente estadounidense unos 8,5 millones de dólares diarios. Pero claro, un portaaviones nunca viaja sin escolta.

Su grupo de combate está compuesto por al menos dos destructores, dos cruceros, un buque de mando integrado de defensa aérea, barcos de apoyo logístico y un número indeterminado de submarinos de ataque.

La “Crisis del Caribe”, con este portaaviones y su grupo de combate, le costó, a las arcas de Washington, unos 3000 millones de dólares porque, en aquel entonces (hace unos meses) el narcotráfico era la prioridad. ¿Se acuerdan?

En la situación actual, le dejo imaginar cuál es el coste del despliegue militar frente a Irán, teniendo en cuenta que Trump Imperator ha mandado de nuevo al “USS Gerald Ford” (con el resto de barcos de escolta) a la zona, junto con otro portaaeronaves y su respectivo grupo de combate.

A la hora de redactar este H2SO4 se desconoce aún el desenlace de este tinglado trumpesco, pero mucho nos tememos que no apunta en la buena dirección.

Llegados a este punto, bueno es hacer un alto en el camino e intentar remontar río arriba para entender algunas cosas.

Y río arriba, nos encontramos con esto…

Seguro que recuerda la escena: Trump Imperator vuelve de su residencia de Mar-a-Lago en Florida a bordo del Air Force One, el famoso avión presidencial. Sacando pecho de su acción contra el dictador Maduro, se pavonea ante los medios. Allí, la clá periodística, en busca de un titular, jalea al presidente de los EE.UU a quien, dicho sea de paso, tampoco le hace falta mucho para meterse en los charcos. A su lado, un hombrecillo que no para de sonreír y de asentir con la cabeza, a la manera de los perros situados en las bandejas traseras de los coches, le da la razón en todo.

Probablemente cansado de tanto halago y de tanto babeo, Trump Imperator se vuelve hacia el bufoncillo para darle la alternativa. Él, el asentador, no es otro que M. Lindsey Graham, senador republicano por el estado de Carolina del Sur.

Lejos de modular el mensaje de Imperator, le añade un par de capas más a las bravuconadas del gran jefe. Atención, el discurso no tiene desperdicio.

Nos hemos cargado a Venezuela y tenemos a Cuba y a Colombia en la línea de mira. El presidente Trump está limpiando nuestro patio trasero de un califato de droga con dictadores narcoterroristas que asesinan, violan y nos mandan [a EE.UU] droga. Esperen un poco y verán que pronto le tocará a Cuba, una dictadura comunista que ha matado a curas y a monjas. Sus días están contados. Espero que este 2026 va a ser el año de un patio trasero con aliados que harán negocios con América y no de dictadores narcoterroristas que matan americanos”.

Para en seco su intervención, mira a Trump Imperator y le dice: “Gracias a lo que usted está haciendo, en el mundo hoy en día se reflexiona de otra forma”.

Trump se siente crecido y añade “Por cierto, algo que hacer con México…”  para que Lindsey Graham termine se venga arriba y afirme “y necesitamos a Groenlandia”.

“Nos ha jodido mayo con las flores”, como dice con mucho arte un Hermano mío. Y tanto que nos ha jodido.

Pero, ¿quién es esta criaturica tan interesada en buscar el lado belicoso de Trump Imperator?  También convendrá conmigo que tampoco hay que rascar mucho para encontrar la capa guerrera de Trump

  1. Lindsey Graham, de Carolina del Sur, es congresista entre los años 1995 y 2003. Desde 2003 es senador de los Estados Unidos por el Partido Republicano. El argumento global de este senador para solucionar cualquier conflicto es la guerra. Sin más. Ovio es subrayar que apoya el genocidio de Israel en Gaza. Faltaría más. Pero se siente en olor de multitudes, va más allá y declara que la solución es largar en Gaza una bomba nuclear para “aniquilar un peligro existencial para los EE.UU y acabar definitivamente con Hamás. Y tan pancho, oiga.

En 2017 tiene la misma idea para Corea del Norte. Esgrime el peligro que representa que el dictador Kim Jong-un tenga misiles balísticos que puedan impactar en California o en cualquier otra parte de los EE.UU. La frase que emplea para justificar el posible ataque atómico sobre Pyonyang queda para los anales del “hijoputismo universal”: “Si centenares de millones de personas deben morir, más vale que sea en las dos Coreas y en Japón y no aquí”. No comment.

En 2009, el presidente demócrata Barack Obama anuncia el envío de un nuevo contingente de 35.000 efectivos a Afganistán. Sentado al lado de Obama, Lindsey Graham afirma: “Apoyo rotundamente la decisión del presidente y quisiera que cada americano supiese que estas tropas son necesarias en Afganistán. Aunque desgraciadamente las bajas van a aumentar, tenemos una estrategia que justifica la pérdida de vidas y la inversión de recursos”. Sin inmutarse.

Dos años más tarde, se enciende la luz de alarma para Lindsey Graham que advierte que “los EE.UU están a punto de lograr la paz mundial y acelerar la retirada de tropa de Afganistán puede malgastar todas las ganancias adquiridas”. Et voilà.

En 2021, las tropas establecidas en Kabul salen del país dejando, a merced de los talibanes, miles de millones de dólares en equipos de guerra, munición y repuestos. Lindsey Graham, que ve que el conflicto no va conforme a sus intereses, y desde Washington intenta, sin éxito, destituir al presidente Biden que ordena el repliegue de las tropas.

Este mismo personaje, en 2018, jura y perjura que nunca más volverá a pisar Arabia Saudí, tras el asesinato de Jamal Khashoggil en el consulado saudí de Estambul. Como se recuerda, el periodista incómodo fue despedazado con una sierra y se hace desaparecer su cuerpo. En 2023, afirma sin despeinarse que “las cosas mejoran a toda velocidad en Arabia Saudí”. Curiosamente, los saudís acaban de cerrar un mercado de 38.000 millones de dólares con la compañía norteamericana Boeing en detrimento de la Europea Airbus.

Y ahora, Irán. Y ahora, de nuevo el senador estadounidense M. Lindsey Graham.

Sin importarle que un ataque a Irán, y un derrocamiento del régimen sanguinario de los ayatolás, pueda incendiar aún más la zona (aún están frescos los ejemplos de Libia, Irak, Siria o Afaganistán), Lindsey Graham presume de conversaciones con Reza Palhavi y de las enormes reservas de gas y petróleo iraníes.

Por su parte, el hijo de Sha afirma a la CNN que su primera medida tras su retorno al trono va a ser la de “normalizar las relaciones Irán-EE.UU” y de “llevar a cabo acciones razonables para ponerle al crudo un precio predecible”. ¿Hacen faltan más explicaciones?

Pues quizás la declaración de este personaje dirigiéndose recientemente a uno de los lobbys israelíes deja las cosas aún más claras, si cabe:

Las cosas van bien para el Partido Republicano [para él, quiso decir] y para el país. Matamos a la gente que hace falta matar y bajamos vuestros impuestos. Trump es mi presidente preferido y hemos terminado con todo el estocaje de bombas, algo que no se producía desde la Segunda Mundial”.

Usted, como siempre, sabrá lo que más le conviene, pero nuestra inacción provoca que gentuza como M. Lindsey Graham siga moviendo los hilos de la humanidad y se enriquezca con ello, claro.

Por cierto, debería resultar curioso el hecho de que Carolina del Sur no solo sea el feudo del senador más proguerra que se ha conocido, sino que es el estado donde están ubicadas las mayores fábricas de armamento de los Estados Unidos.

Como ya tiene edad para pensar por sus propios medios, le dejo establecer la relación entre una cosa y otra.

Y ahora la gran pregunta…

¿Sigue pensando que este tipo de situaciones no merecen ni una pizca de indignación y un mínimo de protesta por su parte? ¿No siente algo de pena, lástima, indignación, rabia, vergüenza o todo a la vez?

Mueren millones de seres humanos por el solo hecho de vivir en el lugar equivocado para mayor riqueza de unos pocos, y aquí seguimos como las vacas que ven pasar el tren, debatiendo sobre el sexo de los ángeles y pendientes de no sé qué isla con sus tentaciones, o de no sé qué master de chefs mientras pueblos enteros mueren bajo las bombas.

Si dejamos que las cosas sigan como van, nos vamos a merecer a pulso perder la poca libertad y dignidad que nos queda para sumirnos en una total esclavitud. Latigazos incluidos, con todo merecimiento.

Nada más que añadir, Señoría.

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