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Malika comienza una nueva vida

Malika Bufunas, una de las atrapadas en Ceuta, partió este jueves a la Península con inmigrantes del CETI

Sin mirar atrás. La historia de Malika Bufunas comenzó de nuevo este jueves. Hoy pasaba página y escribía el capítulo cero de su nueva vida. No antes. No cuando conoció a su marido, ni cuando se enamoró, ni cuando se casó o se acostumbró a los gritos. Malika fue una mujer maltratada por su pareja que hace un mes y medio reconocía para El Faro de Ceuta que el día que sacó valor para huir de su maltratador empezó su nueva vida.

Esta marroquí de 50 años no se achantó y salió de su casa antes de que cerrara la frontera del Tarajal. “Vine a Ceuta escapando de mi marido por el maltrato que me daba. Dejé allí a mis seis hijos y me vine cuando cerró la frontera. Me quedé en casa de Sabah y desde entonces llevo con ella”, comentaba agradecida a las personas que le ayudaban, de los que este jueves se despedía entre lágrimas en la estación marítima de Ceuta.

Junto a otras nueve personas residentes en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), Malika abandonaba Ceuta con destino a la Península. Diez historias de diez personas que cruzaron a nuestra ciudad por diferentes motivos, pero con un mismo anhelo: el de una vida mejor.

El destino de estas diez personas son centros de acogida en Madrid y Málaga

Sin embargo, por fin este jueves conseguían su objetivo. En concreto, el destino de estos ya exresidentes en el centro del Jaral son centros de acogida en Madrid y Málaga. La despedida a este grupo de inmigrantes en la estación marítima no fue tan multitudinaria como en ocasiones anteriores, sobre todo, porque la ocupación del CETI ha caído estrepitosamente tras el cierre de la frontera entre Ceuta y Marruecos a causa de la pandemia del COVID-19, hace ahora poco más de un año.

Las nacionalidades de las personas que dejaban atrás la ciudad autónoma son el fiel reflejo de los lugares de origen de los actuales residentes en el centro del Jaral: Marruecos, argelinos y tan solo un subsahariano. Su número también es proporcional a su ocupación en el CETI ya que, en la última estadística oficial proporcionada por la Administración, la mayoría de los alojados son marroquíes y argelinos. De los 200 foráneos que habitan en estos momentos sus instalaciones, una veintena son de origen subsahariano y, en su mayoría, de Guinea.

Hoy jueves estas diez personas cruzaron el Estrecho, solo unos cuantos metros de agua, en busca de una oportunidad.

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