La polémica surgida el pasado lunes a tenor de la rehabilitación del Museo del Revellín y que afectó a varios nidos de vencejos ubicados en su fachada, parece que ha concluido con un final satisfactorio para la Sociedad Española de Ornitología, SEO, que exigía el respeto a los derechos de estas aves que están en peligro de extinción.
Tal y como ya publicaba en su edición del martes este medio, los biólogos de Obimasa debían orientar los trabajos en el museo para evitar que, tanto adultos como crías, sufrieran el más mínimo riesgo para su integridad.
Si bien antes del inicio de estas tareas, uno de los biólogos marcó las pautas a seguir, al parecer éstas no se acometieron adecuadamente y varios nidos quedaron obstruidos impidiendo el paso de los adultos para alimentar a sus crías o incubar los huevos, con la consiguiente muerte de ambos.
Tanto el mismo lunes, como ayer, un biólogo volvió a trasladarse hasta el museo para transmitir las instrucciones necesarias de cara a evitar nuevas pérdidas entre esta delicada especie. Finalmente se ha acordado que las brigadas de trabajadores concluirán la pintura en la mitad de la fachada, pero únicamente en la zona baja y delantera, mientras que en los laterales y en la zona superior no se volverá a pintar hasta que no concluya la temporada de cría entre finales de julio y principios de agosto.
Según fuentes de Obimasa, el elevador empleado para ejecutar la pintura de la fachada “no tapará los óculos, sino que se situará por debajo de éstos. Esta zona se pintará lo más rápido posible, siempre sin molestar a las aves y con el elevador por debajo del área en que se encuentran los nidos”.
De esta manera, se podrá salvaguardar a estos vencejos que, cada vez con más frecuencia, sufren un importante descenso de su población, con el riesgo de convertirse en una especie en peligro de extinción.
Recordar que, según la ley, matar, dañar o molestar intencionadamente a estas aves está penado con sanciones económicas que van de los 5.000 a los 200.000 euros.






