Raúl Casal llega a clase. Es uno de los primeros días del curso de tres semanas sobre Lengua de Signos Española (LSE) que se imparte en la Facultad de Educación y Humanidades.
Como en muchos cursos de idiomas que pretenda tener caché, el profesor es ‘nativo’. Raúl, de 29 años, es sordo, y por tanto se comunica habitualmente en Lengua de Signos.
Como ayuda, en los primeros días la veintena de alumnos tienen ayuda para entender al profesor: Elisa Sánchez Andreu, intérprete de Apascide, asociación que imparte el curso en colaboración con el centro universitario.
La clase, en vez de mostrar la estructura típica, dispone los pupitres en forma de ‘U’ frente a la pizarra. Según aclara el profesor, el objetivo es que todos le vean, puesto que lo importante es el contacto visual.
Raúl explica con las manos los objetivos de estas clases y de sus sesiones. “Es poco tiempo, por lo que no se puede aprender más que a nivel básico. Sobre todo, si algún profesor se encuentra con alumnos sordos, para al menos poder entenderse”, explica. Algo que no es descabellado pensar, teniendo en cuenta que la mayor parte de estos alumnos pertenecen a la especialidad de Educación Especial.
Respecto a la mayor o menor dificultad de aprender la Lengua de Signos, Raúl Casal explica que para él resulta sencillo, pero que habitualmente es la gramática lo que más problemas causa.
Hoy empieza la clase, y uno a unovan tratando de completar las cinco frases que ha puesto como práctica: “Buenos días, me llamo Ana y tengo 29 años”; “Perdona, ¿Me das el bolígrafo, por favor?”; “Buenos días, me siento mal pero quiero ir a clase”; “Voy a clase de LSE los lunes, martes, miércoles y jueves”, “En primavera, invierno y otoño voy al cole, en verano tengo vacaciones”.
Uno a uno, los alumnos van saliendo, rectificando los errores, y afianzando el conocimiento. En poco más de una semana de curso, hacia la mitad de su recorrido, ya no es necesario que Elisa Sánchez acuda para hacer de intérprete.
Gran aceptación
El curso estaba pensado, en un principio, para que también pudieran acudir personas ajenas a la universidad. Pero el primer día se inscribieron ya más de 60 personas para 20 plazas, y en total han sido más de cien quienes han solicitado asistir a estas clases. La idea surgió de dos profesores del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Francisco Herrera e Inmaculada Herrera. Debido al éxito que ha tenido inicialmente, en el mes de mayo habrá otro curso, según informó Vicenta Marín, vicerrectora de Estudiantes y Extensión Universitaria, “para que no se queden fuera tantos”.
Lengua de Signos
Oficialmente reconocida por ley, tiene una gramática diferente a la lengua escrita y hablada, donde radica la mayor dificultad de aprendizaje.
Preparación adicional
Muchos son alumnos de Magisterio con la especialidad en Educación Especial, por lo que los beneficios son obvios.
Más cursos
La alta demanda ha hecho que Magisterio y Apascide hayan organizado otro curso para el mes de mayo de similares caraterísticas, y ya se esté planteando la posibilidad de continuar otros años con uno de especialización el primero cuatrimestre y uno de iniciación el segundo.








