No sé si cogen coche o van a pie, pero da lo mismo porque no somos más que personajes no jugables. Es un término friki, no se me asusten. Significa que nada depende de nosotros, porque nunca emergeremos de la más absoluta ninguneidad. Menos mal, al menos para mí, porque estos famosos de tres al cuarto, éstos que se quejan porque ahora son “famosos” y no los dejan en paz, son a mi modo de ver gente no imitable.
La playa está maravillosamente desierta en invierno, mientras las gaviotas descaman sus plumas bañándose entre olas espumadas. No hay nada como la libertad de hacer lo que te dé la gana en un noviembre lluvioso, nublo y frío como nuestro pasado lejano, del que algunos jóvenes ya no saben discernir qué estuvo bien y qué estuvo mal.
Siempre habrá lenguas podridas que creerán que lo suyo es lo mejor, aunque supusieran que la otra mayoría vivía aterrorizada y esclava de unas normas impuestas, un poder maniatado y muchas bocas cerradas a cal y canto. Es lo malo de la Historia que ya no se estudia y, lo que es mucho peor, ni siquiera se respeta.
Nos hemos dejado ir en nuestra permisividad y encantamiento, convirtiéndonos en consumistas, cortejando a la resaca y la dejadez de esa Política que los griegos adoraron como norma principal de un Estado mejor para todos los ciudadanos. Ya solo tenemos un dios omnipresente, que no es otro que el dinero que conlleva la posición y ese recurso tan aplaudido que es sobreponerte, aunque sea de puntillas, al resto de los seres humanos.
Creímos dejar atrás la caverna, pero nos tenia atrapados de mente, siendo ahora más importante hacer cola en el action que antes lo fue ir a misa los domingos. Cambian las modas, pero seguimos metidos en el laberinto del necio, avocados a no mejorar, ni a mirar nunca las estrellas. Criamos hijos para perpetuar los roles, para no pensar, para no leer sino escuchar las noticias que nos ablandan el cerebro porque son repetidas hasta la saciedad para quedársenos bien aprendida la lección de los titiriteros. No me extraña que estemos cansados y rotos por tanto bombardeo mediático.
No me extraña que atascados en un coche para ir a un trabajo que no nos gusta, pensemos que nuestra vida es una mierda y nos enfademos con nosotros mismos. Pero no hay más que mirar el cielo para ver las diminutas partículas de epiteliales que nos conforman. No hay más que respirar con fuerza tragando toda esa nueva esperanza, ese nuevo día que comienza, solo y exclusivamente para ti. Si eres peatón, transita, rueda, pierde tus pies por donde te dé la gana, menos en un centro comercial a hora punta porque no harás más que devaluarte, empeñarte, endeudarte y no satisfacerte nada.
Pasea por donde no caminó otro antes que tú, que ya es difícil porque el mundo se ha hecho pequeño y todo se fotografía, todo se expone y todo es criticable, denunciable, o exponible para mayor gloria de redes sociales. Si no lo compartimos, parece no existir, como si nuestra propia experiencia, nuestra pareja o nuestro dolor fueran mucho más nuestros si los mostramos de cara a la galería. No creo que nos demos cuenta que gran pérdida de libertad es esto, qué plegados estamos a los gustos y opiniones de los demás, incluso si nos rebelamos. Hemos vendido nuestra alma por un espejismo de libertad.






