Han sido muchísimas las veces que este tema se ha denunciado. Pero las soluciones nunca se han adoptado. No sólo los funcionarios han elevado sus quejas, sino también los vecinos del entorno del Palacio de Justicia que son los que sufren las tensiones protagonizadas por los detenidos que son trasladados a los calabozos de los juzgados. Los gritos que efectúan no son pecata minuta, llegan a asustar porque llevan una importante carga amenazante. Lo peor es cuando se trata de asuntos de violencia de género y las víctimas que han denunciado a sus parejas, provocando que éstas estén en los calabozos, tienen que escuchar las amenazas públicas.
Ayer sin ir más lejos ocurrió. La mañana en el juzgado se convirtió en un infierno para quienes tenían que escuchar los gritos de los detenidos, sus amenazas, sus proclamas. Las víctimas lo sufren directamente, pero también los vecinos que ya han comunicado por diversas vías este tipo de situaciones. Al lado, también, el instituto, convertido en otro testigo.
Las fuerzas de seguridad indican que nada pueden hacer para controlar estas situaciones, así que, incongruentemente asisten impasibles a las alteraciones provocadas por los que están esperando ser puestos a disposición del juez. Los trabajadores del Palacio de Justicia han informado en varias ocasiones a través de los foros existentes buscando una mediación por parte de la Gerencia. Hay quien advierte si lo que está sucediendo no es una clara alteración del orden público que se hace fuerte ante la ausencia de control.






