La mañana del miércoles amaneció gris y hostil en la playa del Tarajal. El viento, la lluvia y un mar enfurecido por la borrasca Kristin marcaban el ritmo de una jornada en Ceuta que parecía destinada a pasar desapercibida, hasta que un grito de auxilio rompió el ruido del temporal.
“Ayúdame, no puedo salir”. Era la voz desesperada de un menor que acababa de jugarse la vida cruzando a nado desde Marruecos hasta Ceuta.
Ese grito encontró respuesta inmediata en Lorena Becerra, trabajadora de Servilimpce, que no dudó ni un segundo. Sin tiempo para pensar en el peligro, en las órdenes de seguridad o en el mar embravecido, corrió hacia la orilla con un único objetivo: salvar una vida.

El miedo quedó en un segundo plano cuando vio cómo el chico se hundía una y otra vez, agotado, sin fuerzas para seguir luchando.
Eran alrededor de las 8:30 horas cuando ocurrió el rescate, en plena borrasca Kristin, en una de las zonas más simbólicas y duras de la frontera sur. Lorena formaba parte del equipo ATP de playas, un grupo de siete mujeres encargadas de la limpieza de los arenales. Aquella mañana, su trabajo dejó de ser limpiar arena para convertirse en algo mucho más grande: tender una mano cuando más falta hacía.
Este jueves, FaroTV ha querido estar con ella en el lugar que ocurrieron los hechos. Un día después, Lorena no puede ocultar su emoción y sus lagrimas al recordar una escena que le quedará grabada para siempre.
Un grito en mitad del temporal
Lorena y su compañera Gema Segado fueron las primeras en detectar al joven, que luchaba por mantenerse a flote en un mar embravecido. Desde el camión, junto a Sora, observaron cómo el menor se hundía y salía del agua sin fuerzas para alcanzar la orilla.
“Lo único que quería era meterme en el agua y darle la mano”, relata Lorena en la entrevista grabada este jueves en el mismo lugar de los hechos, la playa del Tarajal. “En ese momento solo pensé en sacarlo y sacarlo vivo”, afirma aún visiblemente emocionada.
Lorena corrió hacia la orilla sin apenas recordar los detalles. “Mi compañera dice que me caí, pero no lo recuerdo”, explica. Lo que sí recuerda con claridad es el rostro del menor y su desesperación mientras le gritaba que aguantara.
Una cadena humana para salvar una vida
El rescate fue posible gracias a la rápida coordinación entre las trabajadoras. Lorena entró en el agua hasta la cintura mientras sus compañeras se colocaban detrás de ella, formando una cadena humana para evitar que el oleaje las arrastrara.
“Nos agarramos las tres fuerte y así fue como pudimos alcanzarlo y sacarlo”, explica. El menor apenas tenía fuerzas tras una travesía casi imposible, pero logró agarrar la mano que le ofrecieron desde la orilla.
Una vez fuera del agua, ya en el arenal, el chico rompió a llorar. “Se abrazó a mí”, recuerda Lorena con la voz entrecortada. El equipo reaccionó rápido, cubriéndolo con un chaquetón de la empresa para que entrara en calor mientras recuperaba fuerzas.

El abrazo que lo dice todo
“En ese momento no pensaba que le había salvado la vida”, confiesa. “Solo necesitaba abrazarlo y tranquilizarlo, decirle que todo iba a estar bien”. El menor, aún temblando, apenas repetía palabras de agradecimiento.
Tras asegurarse de que estaba a salvo, las trabajadoras tuvieron que retomar su jornada laboral, aunque ninguna volvió a hacerlo con la misma calma. El impacto emocional fue inmediato y profundo.
Horas después, Lorena solo tiene una preocupación: “Necesito saber cómo está, en qué estado se encuentra”. Quiere saber si el menor ya está en los recursos de acogida de la Ciudad, pero desconoce su paradero.
Más que un trabajo, estar en el lugar justo
Lorena forma parte del equipo de playas de Servilimpce desde septiembre del año pasado, junto a sus compañeras Sora, Isa, Afri, Gema, Vanesa y Teresa, todas bajo la supervisión de un capataz. Mujeres cuya labor diaria suele pasar desapercibida, pero que este miércoles fue decisiva.
“Es una experiencia dura y enriquecedora a la vez”, reflexiona. “Es chocante que sigan pasando estas cosas, que haya niños que pongan en riesgo su vida de esta manera. Aún no lo termino de asimilar”.
La trabajadora insiste en que el mérito es colectivo. “Yo llegué primero, pero si no hubiéramos estado todas, no lo habría conseguido. El mérito es de las siete”, recalca con firmeza.

Un acto que evita una tragedia
Que Lorena estuviera allí, en ese preciso instante, fue clave para evitar una tragedia más en la frontera sur. Historias como esta recuerdan que, incluso en los contextos más duros, la humanidad y el coraje pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
No fue un gesto planeado ni heroico en el sentido clásico. Fue una reacción instintiva, una respuesta inmediata ante el sufrimiento ajeno. Pero gracias a esa mano tendida, hoy hay un menor que puede seguir viviendo.
Y una trabajadora que, sin buscar reconocimiento, ya forma parte de esas historias que merecen ser contadas, reconocidas y aplaudidas.






Ceuta tonta: eres un analfabeto que no tienes humanidad, ni piedad, ni compasión. Estás vacío de valores y de todo, mala persona.
Ceuta tonta,escribes de maravilla los dictados en el colegio con los ojos cerrados a qué sí un fenómeno
Esta mujer a demostrado tener CORAZON ademas de todo el coraje y valentia por su parte. As salvado a una persona dios te guarde para ese niño siempre seras su angel.
Si no va ella el niño llega solo ala orilla que tampoco sea tirado esa mujer al agua ,y si no llega ala orilla que se quedase en marruecos.
Tienes que ser muy mala persona, para escribir así. Pero bueno, como eres un/una fascista que se cree todos los bulos de la ultraderecha. Tampoco debe extrañar que desees el mal, para ese niño. Y un poquito de ortografía no te vendría mal. Es la tónica general, de los fachapobres y fascistas.