La inteligencia artificial, las nuevas tecnologías, las aplicaciones informáticas, claves, firmas digitales, pin permanente, carnet electrónico, biometría, números secretos, tutoriales, hablar con una máquina para pedir información, citas online, cajeros automáticos que hacen de todo: la distopía ha venido para quedarse.
Ya hay que pedir el butano por una aplicación informática, no solo el butano sino pagar recibos, solicitar documentos, empadronarse y todo lo que a uno se le pueda ocurrir.
Es la revolución digital que ha cortado la cabeza a una parte importante de la población.
Mi amigo Jordi me llama todos los días tirándose de los pelos: se le bloquea el teléfono cada dos por tres, no es consciente si ha hecho bien una transferencia, no entiende nada esa voz metálica que le amenaza: “Buenos días Señor Jordi Casanova su tarjeta ha quedado anulada al tener tres fallos seguidos”. Jordi es un periodista con 71 años, jubilado y excluido del planeta tierra al no estar nada familiarizado en estas lides.
A partir de los 60 años muchas almas se han quedado sordas y mudas sin poder manejarse en un lenguaje para el que necesitan un lazarillo a su lado.
En la enseñanza llego ‘Fenicia’, una plataforma que ha costado una pasta y tiene más fallos que una escopeta de feria. A la antigua plataforma ‘Alborán’ se la llevó el viento. Había que cambiarla porque es necesario saber miles de datos que van a conseguir que abandonemos el aula y pasemos sentados horas y horas frente a un ordenador comunicando a una central de datos todo lo que registramos de los alumnos cuya utilidad es cuestionada por el profesorado. Esta tortura china se va afianzando y miramos con sospecha a todo aquel que se resisten a pasar por el aro. Pasaremos, aunque sea a palos, pero tendremos que aguantar carros y carretas por si algún día se nos presente la ministra en carne y hueso y nos monte la de San Quintín.
Empezar es un temblar, no ya por las novedades de Fenicia sino por la cantidad de errores del sistema que vuelve locos a los mismísimos informáticos del del Ministerio de Educación.
¿Qué podemos hacer los disidentes? Lanzar un SOS o pegarte como una lapa a cualquier samaritano que te ofrezca ayuda.
Ya no se premia ser un buen docente, no vale que te otorguen el premio Nobel o que escribas 10 libros de la materia que impartes, lo que cuenta es que sepas manejar cientos de datos: fechas, programaciones, horarios, competencias. Faltas justificadas y sin justificar, partes, adaptaciones, informes, visitas y llamadas a los padres. Y rezar para que cualquier fallo informático no te borre lo que te ha costado jornadas de trabajo que se lleva el diablo.
¿Qué pasará dentro de 20 años? Lo mismo llenan de cables a alumnos y profesores para volcar la Información a un procesador; nos conectaremos en la nube y enseñaremos con descargas eléctricas para reforzar métodos de aprendizaje.
Valore de 0 a 5 siendo 0 la calificación más baja y 5 la calificación más alta si está de acuerdo con este caleidoscopio.
Diga sí si es funcionario, en caso contrario no diga nada.
Tecleé su número de registro personal y espere.
Marque el código del instituto o colegio en el que trabaja.
Diga tres veces para confirmar que no es un robot: “Los perros de San Roque no tienen rabo porque Ramón Ramírez se lo ha cortado, en caso de no poder pronunciar la R francesa diga o marque el motivo”.
Diga tres veces: “Mi carro me lo robaron para hablar con información”.
Dígalo dos veces para hablar con un departamento y marque los 20 dígitos.
Diga: “Mi carro me lo robaron" una vez si necesita ayuda. Identifíquese con su DNI cuando salga la voz de Manolo escobar”.
Soy Manolo Escobar, su asistente personal. ¿En qué puedo ayudarle?
Responda con un sí o no a las siguientes preguntas para que pueda resolver sus dudas:
¿Es soltero, casado, divorciado, pareja de hecho, monógamo, polígamo?
Diga sí o no a esta encuesta para conocer sus preferencias y le podamos atender como usted se merece:
¿Le gustan los bocadillos de corazones?
Estamos terminando. Le haré dos preguntas más para volver a verificar que no es un robot:
¿Me puede decir por qué a los toros no les gusta la minifalda?
¿Por qué quería Lola Flores que se la comiera el tigre?
Todo es correcto, enhorabuena. Puede plantear su pregunta.
Se ha cortado la comunicación en este instante...poropopó, poroporopópopero indica que debe volver a a comenzar de nuevo.
Así nos hemos quedado los profes: sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.
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