Conocido el documento de Presupuestos ha comenzado el espectáculo de las valoraciones. A los localistas los saco de cualquier tipo de crítica puesto que nunca han tenido responsabilidad de gobierno para decidir qué hacer con la caja del dinero que tiene que repartirse, supuestamente sin discriminación, por todo el país. Pero aquí parece que somos los de la esquina, los últimos monos en eso de vernos beneficiados con obras de envergadura, acertadas y oportunas que resuelvan el puñado de problemas que tenemos enquistados desde hace años.
Porque Ceuta es eso. Un ejemplo de ciudad marcada por los mismos déficit que nadie ha solucionado o ha querido solucionar. Ni el PP ni el PSOE han sabido actuar a tiempo en la frontera, no han querido potenciar el puerto en su medida, ni han apostado por inversiones que fueran realmente beneficiosas para la ciudadanía. Por eso hoy en día seguimos teniendo a nuestros críos hacinados en colegios, tenemos un déficit estructural sin parangón y estamos bloqueados por las dos fronteras que están terminando por asfixiar la ciudad.
En este panorama asistimos a una particular partida de tenis en la que la pelota va de un lado a otro teñida de reproches vertidos por quienes, cuando han mandado, pudieron hacer mucho más de lo que ejecutaron. Pero no fue así. Fallaron. Ellos sabrán por qué.
La situación en la que se encuentra Ceuta no es fruto casual. Es el resultado de las nefastas políticas, equivocadas, mal orientadas en su dirección hacia este lado del Estrecho. Los enojos y las decepciones suenan a lo que suenan. Las cifras negativas van en alza y eso es malo en un lugar tendente al pesimismo y a la pérdida de confianza en el futuro.
Desgraciadamente llegó el momento del espectáculo, del hablar por hablar, de la crítica por sistema en torno a unos números que nunca acertaron con una Ceuta encorsetada, que no avanza y que se mueve cual plañidera de rincón en rincón.






