El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Gobierno del PSOE y Unidas Podemos, José Luis Escrivá, se ha comprometido con el Gobierno de la Ciudad y con el PSOE de Ceuta a corregir el patinazo que se ha incluido en la ley que establece el nuevo marco de cotización de autónomos, en el que se mutilaba de un plumazo el sistema de bonificación de cuotas empresariales vigente y se limitaba al tramo más bajo de rendimientos netos de los trabajadores por cuenta propia.
El desliz no debería haberse cometido nunca y siendo tantos los agentes que consensuaron el documento (administración, patronal y sindicatos), alguna voz debería haber alertado del dislate que se iba a cometer recortando un derecho adquirido llamado a compensar las singularidades de las dos ciudades autónomas, que no tienen parangón en ninguna otra parte del país en lo que al condicionamiento que entrañan para el desarrollo económico se refiere, aunque no solo.
Una vez conocido, la Confederación de Empresarios fue la primera en alzar la voz y en reclamar unidad de acción a todos los colegios profesionales afectados y el resto de la sociedad ceutí.
La movilización ha surtido efecto y supuestamente el compromiso de Escrivá es firme para, durante el mes de enero, devolver a los autónomos de Ceuta y Melilla el régimen que tenían, una buena noticia que deja varias lecciones claras: el desconocimiento de la realidad local a nivel nacional (incluso en ámbitos especializados), la importancia de la unidad, la efectividad de alzar la voz cuando está asistida por el derecho y la justicia, y la necesidad de defender el interés de la ciudad por encima de los partidistas.






