La Ciudad ha sido clara en su mensaje: el riesgo sigue existiendo y aunque los datos van en descenso si se baja la guardia se incurrirá en un desastre mayúsculo. Hemos tenido varios fallecimientos en estos últimos días, ha muerto gente joven y sigue habiendo ingresos hospitalarios. Por el contrario, hay quienes viendo la caída de contagiados cree que puede haber mayor margen de interacción sin reparar en que eso puede ser el mayor lastre del que luego nos podamos arrepentir. Los datos del COVID no pueden llevarnos a engaño. No se puede caer en el error de reclamar un ‘salvar la Semana Santa’ porque de esa mayor movilidad vendrán después las consecuencias negativas. Ni por criterios de salud se puede llegar a ese extremo ni tampoco por criterios económicos. Hay que evitar muertes e ingresos, porque detrás de esas cifras últimas hay personas que necesitan de rehabilitación constante y que están en muy mal estado físico costándoles muchísimo su recuperación. No se debe olvidar lo que ha pasado ni lo que está pasando, porque las circunstancias siguen siendo malas aunque la vacunación se haya convertido en un particular salvavidas al que poder aferrarse. Las situaciones extremas no las desea nadie y menos esta ciudad que ha sufrido ya 85 víctimas derivadas del COVID, con sus respectivas familias destrozadas.
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