Ceuta no es exactamente la misma después de esta semana. Puede que los datos, las cifras de entradas y las imágenes del Tarajal vayan quedando atrás en la actualidad, pero lo que ha dejado esta crisis no se mide solo en números: se mide en el ánimo de una ciudad entera.
Lo resumía con acierto el presidente Vivas, al reconocer que esa angustia, ese temor y esa sensación de impotencia, de miedo, que vivió la ciudadanía de Ceuta, sigue estando marcada en nuestro estado de ánimo. No hacían falta más palabras para explicar lo que de verdad ha ocurrido aquí.
Porque eso es lo que ha dejado la llegada masiva de personas desde Marruecos: una huella emocional profunda en el ceutí de a pie, más allá de lo que salga en los balances oficiales. Es el vecino que reconoce no dormir bien desde hace días, el que ha sentido que su propia calle se le hacía extraña, el que ha vivido con esa mezcla de solidaridad y desasosiego que produce ver a tanta gente en una situación límite.
No es una herida que se cierre de un día para otro, y sería un error tratarla como si ya hubiera pasado solo porque las calles empiezan a parecer las de siempre.
A ese cansancio emocional se ha sumado, además, el golpe a la actividad económica: comercios que han bajado la persiana estos días y la suspensión de la Feria, justo cuando el sector esperaba esas fechas para levantar cabeza.
Son consecuencias reales, y conviene no minimizarlas, pero conviene sobre todo no perder de vista que detrás de cada negocio cerrado hay personas que también están gestionando el mismo temor del que hablaba Vivas.
La economía se recupera con tiempo y con ayuda; el ánimo de una ciudad se recupera de otra manera, más despacio y con más cuidado.
Y aun así, quien conoce esta ciudad sabe que Ceuta no se define por lo que la golpea, sino por cómo lo encaja.
Lleva demostrándolo toda su historia: la de un lugar pequeño, fronterizo, acostumbrado a que las circunstancias no siempre le den una tregua, y que aun así ha aprendido a sostenerse sin esperar a que nadie le resuelva la papeleta.
Ese es el verdadero carácter caballa, el que no sale en los titulares de la angustia sino en la manera silenciosa en que la ciudad sigue adelante.
Esta tarde, ese carácter tendrá su expresión más personal. La Virgen de África volverá a encontrarse con sus fieles en la tradicional ofrenda floral, un acto que Ceuta mantiene en pie pese a que la Feria haya quedado suspendida y pese a que la herida de estos días siga abierta.
Que la ciudad no renuncie a esta cita, justo ahora que más lo necesita, dice mucho de quiénes somos: una comunidad que no deja que el miedo le arrebate aquello que la define.
Ceuta necesitará tiempo para que ese estado de ánimo vuelva a serenarse. Pero esta tarde, los ceutíes se recordará a sí mismos algo que ya sabían de sobra: de esto, como de tantas otras cosas, también se sale y, unidos, saldremos.
La cifra de la tragedia no cesa. La Guardia Civil sigue sacando cadáveres del espigón…
La Ofrenda Floral se celebrará el 4 de agosto y la Procesión el 5, después…
Los acantilados del Recinto y Sarchal vuelven a ser cobijo de cuantiosos marroquíes llegados a…
Pasan los días y no todo vuelve a la normalidad. Ceuta sigue siendo noticia y…
La Hermandad de Santa María de África ultima los preparativos del acto más multitudinario del…