La ciudad necesita recuperar cuanto antes la normalidad después de unos días que han marcado un antes y un después. La crisis migratoria que ha golpeado a Ceuta ha dejado imágenes difíciles de olvidar: una presión extraordinaria sobre los servicios públicos, calles tensionadas, comercios cerrados, recursos desbordados y una sensación de incertidumbre que se ha instalado entre muchos ciudadanos.
Pero una ciudad no puede vivir permanentemente bajo la excepcionalidad. Ceuta necesita volver a abrir sus persianas, recuperar sus rutinas y devolver a sus vecinos la tranquilidad que nunca debieron perder. Recuperar la normalidad no significa olvidar lo sucedido ni restar importancia a lo ocurrido, sino afrontar sus consecuencias y avanzar con la mirada puesta en el futuro.
Uno de los primeros síntomas de que la ciudad comienza a recuperar su pulso se vivió este martes durante la Ofrenda Floral a la Patrona, la Virgen de África. La masiva asistencia de ceutíes volvió a demostrar que, pese a las dificultades y al miedo vivido durante los últimos días, la devoción y las tradiciones siguen siendo un punto de unión para la sociedad. La imagen de cientos de personas acompañando a la Patrona fue también una muestra de que Ceuta quiere recuperar sus espacios, sus costumbres y su vida cotidiana. Su rutina.
Este miércoles, con la salida procesional de Santa María de África, la ciudad tendrá una nueva oportunidad para demostrar esa devoción y, al mismo tiempo, su deseo de volver poco a poco a la normalidad. La procesión será un momento de encuentro, de acompañamiento y de recuperación de una de las jornadas más importantes del calendario ceutí.
Durante esta crisis, la sociedad ceutí ha demostrado una vez más su capacidad de respuesta. Servicios de emergencia, fuerzas de seguridad, sanitarios, trabajadores públicos, entidades sociales y ciudadanos anónimos han dado un ejemplo de compromiso en unas circunstancias extraordinarias.
Ahora corresponde a las administraciones asumir responsabilidades y garantizar que lo ocurrido no vuelva a repetirse en las mismas condiciones. La frontera sur de Europa necesita una respuesta firme, coordinada y con recursos suficientes. Ceuta no puede ser un territorio condenado a afrontar en solitario situaciones de esta magnitud.
Pero junto a la exigencia de soluciones, también es necesario recuperar la convivencia. La ciudad debe volver a su actividad económica, a sus calles llenas y a sus espacios compartidos. El temor y la incertidumbre no pueden convertirse en una nueva realidad.
Ceuta ha vivido una de las semanas más complicadas de su historia reciente. Ahora comienza una nueva etapa: la de reconstruir la confianza, atender las consecuencias de la crisis y demostrar que, incluso en los momentos más difíciles, la ciudad sigue siendo capaz de mantenerse unida.
Volver a la normalidad no es olvidar lo ocurrido. Es la manera de demostrar que Ceuta sigue adelante.
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