Poco después de las ocho de la tarde, el balcón de la Basílica de San Pedro se abrió para mostrar al mundo una sorpresa: el nuevo Papa era latinoamericano, el argentino Jorge Mario Berboglio, quien había sido el principal contrincante de Ratzinger en el Cónclave de 2005. Es difícil en un primer momento poder realizar un análisis de como puede ser el nuevo Obispo de Roma, sin embargo, determinados enfoque obligan a avanzar en un Papado austero. Así ha sido siempre su vida en Buenos Aires y lo demostró con la vestimenta elegida para saludar a todos los congregados en la Plaza de San Pedro. Por otro lado, antes de bendecir pidió que le bendijeran a él y reclinó su cabeza ante los congregados. Un acto que ya tenia un precedente en el que fue Papa Juan XXIII, el último que revolucionó a la Iglesia a comienzos de la década de los sesenta. Luego, además Francisco I es jesuita, una orden que nunca ha tenido muy buenas relaciones con la curia vaticana. Y el nombre elegido es también síntoma de estar al lado de los más débiles. De momento, son signos externos y al final se “hace camino al andar”. Son señales, pero tampoco sería nada de extrañar que este Papa con setenta y seis años escriba nuevas páginas en la vida de una Iglesia que necesita de entronques claros con la realidad actual.





