Desde la distancia que existe entre el momento de hacer un artículo y publicarlo y desde el temor a la improvisación de la estrategia política (esa que convierte lo actual en desfasado en unos minutos), permítanme que reflexione acerca de la desazón generalizada y de la falta de fidelidad a las ideas. Por todas las ciudades no han dejado de pasar líderes políticos con la intención de obtener los máximos votos posibles y convencer con sus propuestas a aquellos rezagados que siguen indecisos. Indecisos, es decir personas que cambian su opción según convenga y que no me negarán que son abundantes. Qué hay más español que un cambio de bando, que un canje de chaqueta, que un negocio de conveniencia. Verán, la diferencia de tendencia de legislatura en legislatura no nos deja en un buen lugar a los votantes españoles, demostrándose la falta de coherencia y el oportunismo sólo defendido por la divina conveniencia. Una actitud que no se circunscribe a la política y es que el deporte de arrimarse al sol que más calienta es patrimonio inmaterial de España, interpretando la vida de forma prehistórica, preponderando la supervivencia pese a quedarse con las vergüenzas al aire.
La memoria histórica de muchos personajes pasa de largo si es mayor la oportunidad de sacar un beneficio.
En definitiva, no desaprovechen ustedes la dignidad, que no merece la pena condicionarse la vida por un provecho con fecha de caducidad. En pocas palabras que más vale tener vergüenza y mesura que lanzarse al ruedo sin saber por donde se agarra la muleta (que luego pasa lo que pasa).
Pero bueno, no desaprovecharé mis líneas en la incapacidad de ser leales del bando de los estómagos agradecidos.
Acudir a las urnas es un acto de responsabilidad, pero de la misma forma es alinearse tras unas siglas, asumiendo no sólo el programa de una forma puntual, sino conociendo y siendo partícipe de una ideología y asimilando su militancia conforme a sus pensamientos y trayectoria personal y profesional (ciertamente se quedarían solos los partidos si fuera así…). Las conciencias se diluyen como azucarillos, debilidades puestas a prueba y con poca resistencia.
Muchos deducirán que defiendo unos pensamientos inamovibles pero nada más lejos de la realidad, mi propuesta es abierta pero sin fisuras, sin mensajes que desvirtúen y se alineen para entrar en liza con intenciones de tercerías.
Descubrir y desenmascarar a los amigos de las recompensas no es mi intención, conformándome con dar un poco de luz en cuanto a las intenciones de voto y dejando clara mi opinión netamente personal, desprovista de propósitos ocultos entre líneas, de cualquier tipo de presión y de segundas intenciones partidistas.





