Tres piedras de gran tamaño dejaron en la tarde del miércoles un cristal de un autobús hecho añicos a su paso por Loma Colmenar. Una de las ocupantes que vio cómo se le caían los trozos encima sufrió un ataque de ansiedad. No importa tanto el dónde ni el cómo del suceso, lo relevante de la cuestión es el por qué. Cuáles pueden ser las razones que motivan a una persona o varias para actuar de esa forma vandálica generando una situación de inseguridad para los trabajadores y usuarios del transporte público.
Por desgracia no es la primera vez que tiene lugar un ataque de estas características contra un servicio que, a fin de cuentas, es de todos y cuesta el dinero a toda la ciudadanía. Por fortuna, no hubo que lamentar mayores daños personales, pero las preguntas de y si hubiera habido una persona mayor justo debajo del cristal o un recién nacido en esa lluvia de cristales no se pueden obviar. Incluso, les podía haber impactado la piedra.
No hay razón alguna para estos ataques. Desde la empresa de autobuses aseguran que empiezan a estar cansados de estos arrebatos de violencia y sinsentido que interrumpen el servicio y causan desperfectos. Con el temor de que la tragedia pueda a llegar a ser mayor si los vándalos de turno no miden e impactan contra la gente que va subida a bordo de los autobuses que hacen las rutas.
No hay razón tampoco para criminalizar a las barriadas por la incorrección y la falta de civismo y cordura de unos pocos. Los ceutíes necesitan como agua de mayo un correcto transporte público, y además uno del siglo XXI que cubra bien toda la ciudad, sea eficiente, sostenible y rápido. Que nadie, independientemente de donde resida se quede atrás. Pero, sobre todo, necesitan seguridad.






