Nadie se arriesgaría a lanzarse al mar en un avanzado estado de gestación y menos hacinada en una embarcación con otros 14 pasajeros, jugándose la vida en cada metro de la navegación.
Nadie excepto una mujer que escapa de una experiencia horrible, que ha depositado sus esperanzas al otro lado del Estrecho y que confía en que su destino le llevará a tierra firme. Esta persona es Kady Cherif, de 28 años y natural de Costa de Marfil, quien este domingo sorprendió a Guardia Civil y Cruz Roja cuando fue rescatada junto al resto de sus compañeros de una embarcación que había perdido el motor y acabó casi naufragando a la altura de la rocosa playa de La Bolera.
Allí, sobre las piedras, fue la primera vez que muchos pudieron comprobar con sus propios ojos la enorme tripa de Kady, embarazada de varios meses. En aquel momento, los agentes de la Benemérita y los voluntarios de la institución humanitaria desconocían que la inmigrante espera dos bebés. No son los únicos ya que en su país tiene a otros cuatro vástagos, dos mellizos de ocho años, otro de siete y el más pequeño de seis. “Quiero traer a mis hijos, vivir tranquila y que todos estemos juntos”, confiesa Kady, que aún sufre molestias y ayer seguía ingresada en el Hospital Universitario de Loma Colmenar.
Esta comercial y formada en márketing en su país prefiere eludir las explicaciones sobre quién es el padre de sus pequeños en Costa de Marfil, aunque asegura estar tranquila porque sabe que la abuela cuida de ellos. Sin embargo, al hablar sobre el paradero del progenitor de los que ahora lleva en su vientre, su respuesta cae como un jarro de agua fría: “Fuí violada en Uxda –ciudad del este de Marruecos– en los campamentos de inmigrantes”. Su voz se trunca, le tiemblan las manos y desvía la mirada hacia la ventana para impedir que sus interlocutores vean las lágrimas. No es la única que llora entre los presentes.
Aquella agresión hizo que, después de tres meses en Marruecos, regresara con su familia con la única intención de encontrar consuelo. Su sufrimiento posterior, hasta que vuelve a Marruecos para volver a intentar el pase, prefiere guardárselo. Volverían a pasar otros tres meses hasta que la mañana del sábado volvía a arrojarse al mar tocando aguas ceutíes. Este billete a Europa le costó 3.500 euros, estimó Kady. En total, contabilizó, sus incursiones por vía marítima ascienden a tres. Destaca la primera, cuando una patrullera marroquí interceptó la embarcación que ocupaba con otros y todos fueron trasladados a Rabat.
Kady, quien vivía en Tánger antes de su periplo, no ha recibido visita alguna, ni tan siquiera la de sus compañeros de lancha, solo de la Guardia Civil. Ahora solo espera que el médico le dé el alta, ingresar en el CETI, que sus bebés nazcan sanos y encontrar un buen trabajo que le permita sacar a su familia adelante y que todo aquello que un día le hizo abandonar Costa de Marfil, quede relegado a un mal sueño.






