Las prisas en política no son buenas consejeras y el pretender conseguir un Pulitzer político tampoco. Y eso fue lo que pasó ayer al portavoz de los socialistas, José Antonio Carracao. Tuvo noticias de la existencia de un informe de un técnico de la Consejería de Economía y Hacienda en relación con las certificaciones pagadas a Urbaser por su maquinaria a lo largo de los últimos diez años y resulta que se creyó que había descubierto el Watergate. Pero resulta que cuando iba, el equipo de gobierno ya venía. Un informe que por supuesto existe, que nadie ha ocultado y que ahora mismo está siendo valorado nuevamente. Porque al informe que presentó Carracao ante los medios de comunicación existe una réplica por parte de un técnico de la misma categoría que señala que no está de acuerdo con esa conclusión. Con lo cual, lo lógico y lo normal es lo que ha hecho el equipo de gobierno: pedir un tercer estudio. Lo verdaderamente importante es conocer si a Urbaser se le ha pagado algo más de lo que tenía firmado en su contrato. Y el consejero de Economía y Hacienda, que es un hombre prudente, fue muy claro ayer cuando señaló que ni un euro más. Pero incluso fue más lejos al indicar que si las conclusiones del primer informe son ciertas no les temblará el pulso a la hora de exigir a Urbaser el pago de esos 12,5 millones de euros que hubiera podido cobrar de más. En estos momentos, la situación exige prudencia, no fanfarrias como las lanzadas por Carracao que al final no conducen a ningún lado, salvo a proponer disparate como el convertir el Príncipe en un atractivo turístico o que Ceuta fuera la Detroit de los vehículos eléctricos.





